Sin condiciones – Un manual para padres con hijos pródigos

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sinH. Norman Wright.
Editorial Mundo Hispano. El Paso, Texas, EE.UU. 2015. 272 págs.

La gran extrañeza de muchos cristianos es ver cantidad de hijos de fieles creyentes rebelarse al “evangelio”, y acabar abandonando la Iglesia y alejarse de la fe de sus padres. Y esto se produce en hogares de responsables y gente preparada incluso académicamente. Es el caso del autor del presente libro H. Norman Wright,  un respetado consejero cristiano que ha ayudado a miles de personas a mejorar sus relaciones y a superar problemas de paternidad, duelo, tragedia y otros asuntos. Ha ayudado a padres y a familias enteras a aplicar herramientas bíblicas prácticas a los problemas cotidianos por medio de consejería, seminarios y más de 90 libros.

Este no es un libro de respuestas fáciles para padres con hijos pródigos, sino más bien un compañero sabio que caminará junto a ti sobrellevando tu dolor, entendiendo tus problemas y ofreciéndote ideas fraguadas por la experiencia. Norman Wright sabe bien lo que es amar sin condiciones a un hijo rebelde porque lo vivió en carne propia con su hija Sheryl. Él te llevará de la mano a través de una de las etapas más difíciles de la vida con una mezcla de transparencia personal, profundidad espiritual y consejo práctico profesional.

“Existen tormentas de diferentes tamaños, formas e intensidades. Las tormentas en tu vida podrían ser dramáticas, o quizás la causa de tu preocupación se parezca más a una lluvia persistente y lenta que erosiona los cimientos que con tanto cuidado colocaste en la vida de tus hijos: la falta de esfuerzo constante en la escuela, el desinterés por asistir a la iglesia, la predilección por amigos haraganes. En cualquier caso, el resultado es el mismo: te sientes destrozado por dentro. Eres un padre dolido, porque te acechan tus pensamientos: ¡Ojalá hubiéramos hecho esto o lo otro! Porque te preguntas si deberías renunciar a tus responsabilidades en la iglesia o en la comunidad. Porque no sabes bien cómo ayudar a tus hijos, y no sabes qué hacer o en qué pensar. “Pródigo” no es un término muy agradable, deja un mal sabor de boca y un nudo en el estómago. Cuando un hijo –ya sea adolescente o adulto- se hace pródigo se empañan los sueños, los cuales a veces además de dañados están destrozados. Algunos se mantienen vivos, como las brasas ardientes de una fogata; otros mueren. Es difícil saber qué es peor. Cuando un sueño es fallido o frustrado, debe pasarse por un duelo antes de seguir adelante, como con cualquier otra pérdida en la vida.”

Las decisiones de tu hijo o hija también acaban controlando tu vida hasta cierto punto. Es una lucha para todas las familias, como comparten estos padres: “En estos momentos siento que ella controla nuestra vida de muchas maneras y que todos estamos funcionando en disonancia. Nuestro hijo de diez años se está viendo gravemente afectado, porque cuando llega la “pródiga” a la casa aumentan las tensiones y él comienza a portarse mal”. Puede resultar fácil caer en depresión, individualmente, como pareja o incluso toda la familia. Tener un hijo pródigo se parece mucho a sufrir una pérdida familiar. De hecho, es un tipo de muerte: el fin de la vida familiar como se la conocía. Es como quedarse inválido. Fíjate nada más en lo que significa esta palabra: “incapaz de cuidarse a sí mismo, enfermo”; otro significado de “inválido” es: “no válido, sin valor”. Te sientes inmovilizado, lo sabemos bien porque así nos sentimos durante los primeros meses que nuestra hija estuvo alejada del Señor. Una de las cosas más difíciles para mí como padre y esposo fue tener que decirle a mi difunta esposa Joyce (quien falleció en el 2007), lo que estaba ocurriendo con nuestra hija Sheryl. Te enfrentas al dilema de querer hacer algo que funcione o bien no querer hacer nada que empeore la situación.

¿Has liberado a tu hijo? Algunos padres creen que son dueños de sus hijos. Otros, que sus hijos adultos deben rendirles cuentas. Es difícil dejar ir a nuestros hijos: una pérdida, no hay mejor palabra para describirlo. ¿Sabes qué? Existe algo mejor que el control, se llama renuncia y separación.” “A las personas que estén sufriendo la misma pérdida, les diríamos ‘Nunca te des por vencido con Dios. Sus misericordias son nuevas cada mañana y su gracia es suficiente para todas nuestras necesidades’”. No descartes un milagro.

E.V. Giró – Barcelona

 

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