Abrirse a Dios

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David G. Benner.
Santander: Sal Terrae, 2011, 192 pp

El título y subtítulo del libro es una invitación excelente a considerar uno de los temas más importantes de la vida cristiana: la comunión personal con Dios. Lamentablemente, la vorágine de la vida actual, no permite a muchos apartar  un tiempo para tener comunión con Dios y esto conduce a un debilitamiento de la vida cristiana. Afortunadamente, se publican libros como este para recordarnos los beneficios espirituales de abrirse a Dios y a su Palabra y a mantener, por medio de la oración, la comunión continuada con Dios. Los rabinos decían que la Torah, La Palabra, era la presencia de Dios en la creación, presencia que el hombre se hacía suya con la lectura, la meditación, la oración. Y son estos justamente los tres momentos fundamentales de la lectio divina, tanto para la piedad judía como para la piedad cristiana más antigua.

El origen de este libro fue una serie de coloquios celebrados en la catedral anglicana de Victoria en la provincia de Columbia Británica (Canadá) en que el autor participó dando una tanda de meditaciones sobre la oración. El Dr. Benner es profesor emérito de Psicología y Espiritualidad de la Richmont Graduate University de Atlanta (Georgia). Es psicólogo, director espiritual y director de retiros. Ha escrito y editado numerosos libros.

La obra consta de dos partes: la primera, capítulos 1 y 2,  trata sobre la oración: la segunda, capítulos 3 al 9, es una exposición sobre la lectio divina y los cuatro modos clásicos de oración. La designación Lectio Divina se atribuye a Orígenes, que usaba la frase en griego thea anagnosis (lectura divina) para describir la manera de acercarse a las Escrituras con el propósito de descubrir un mensaje personal de parte de Dios. Hoy diríamos que se trata de la lectura de la Biblia con una finalidad devocional. Más adelante, al principio de  la Edad Media,  la lectio se practicaba en los conventos, y dando un paso más,  un monje de la orden de los cartujos, llamado Guigo II, la elaboró en el siglo XII en cuatro etapas en sucesión lineal: Lectio, meditatio, oratio y contemplatio.

*Lectura: Guigo enmarca el ejercicio de la oración en las diversas prácticas y ejercicios de la vida monástica, que bien pueden considerarse como una preparación remota. El paso inicial es la lectura, que consiste en la aplicación de toda la atención a un pasaje concreto de la Sagrada Escritura. Bien podría haber escrito: "aplícate todo al texto". Es el "fundamento" que proporciona al ejercitante la "materia" y "lleva a la meditación". El interés despertado por una primera inteligencia de lo que sosegadamente se ha leído impulsa a ahondar más en ello, pasando así a otro de los escalones: la meditación.

*Meditación: Incentivado el ejercitante con el texto que ha leído aplica a él su mente procurando captar todo su sentido. Guigo no se queda en una repetición rumiativa, va más allá aplicando el discurso, pero siempre en un sentido inquisitivo anclado en el texto, buscando "extraerle el jugo a la uva". Es un trabajo que ante todo busca "el corazón del asunto", sin dejarse distraer por lo superficial. Una vez en posesión del sentido busca la implicación y aplicación del pasaje a la propia vida. Al proceder así se llega a percibir una "nueva dimensión" en el texto que despierta "hambre" de aquello que aún no se posee, o también, habría que decir de algo que sobra y constituye un obstáculo para el propio camino espiritual, lo que conduce al tercer escalón: la oración. *Oración: La conciencia de la lejanía del bien que aparece en la meditación, inaccesible a las solas fuerzas, lleva al ejercitante a implorar la misericordia divina. Es un momento fuerte en que la persona toma especial conciencia de su propia identidad, su contingencia, su pecado y de la nostalgia de Dios, que siente en lo profundo de su ser. Guigo manifiesta algo de la experiencia interior que conduce a la oración y en ella se expresa cuando dice en una plegaria: "Cuando partes para mí el pan de la Sagrada Escritura te reconozco en la fracción del pan, y cuando más te conozco, más te anhelo conocer, pero no ya desde fuera, en la corteza de la letra, sino en su sentido profundo... Dame, pues, Señor, una prenda de lo que espero heredar, al menos dame una gota de lluvia celestial con la que pueda refrescar mi sed, pues me estoy quemando de amor". *Contemplación: Este paso es puro fruto de la liberalidad divina. Ante la plegaria y la nostalgia de Dios que ella manifiesta, él "no espera que el alma nostálgica termine de expresarse sino que interrumpe la oración... y se presenta de improviso cubierto del dulce rocío celestial... Renueva entonces al alma fatigada, sacia su sed y colma su hambre, hace que se olvide de las cosas materiales, haciendo que muera a sí misma le da nueva vida, y embriagándola la hace recuperar el sentido". En la contemplación "la mente es como elevada sobre sí misma y suspendida en Dios, saboreando las alegrías de la eterna dulzura".

Benner  hace una exposición de estos pasos que él llama movimientos o caminos de oración. Lo mejor de todo son los cuadros de práctica (con reservas), que para quienes no tengan formado un hábito diario de pasar un tiempo de comunión  con Dios, encontrarán valiosas indicaciones. Sin embargo, debemos manifestar nuestro desagrado por algunas de sus sugerencias de buscar ayuda visual para este encuentro con Dios y otros recursos,  como encender una vela, tomar un crucifijo o un icono, aunque matiza diciendo que “no los uses si te generan una tensión grave con tu propia tradición espiritual”. Como el libro pretende ser de utilidad a cristianos de cualquier confesión, de ahí dicha sugerencia, pero debía haber tenido en cuenta la enseñanza bíblica sobre la idolatría. Por lo que parece el Dr. Benner es anglicano y esta clase de ayudas visuales le parecen muy importantes. A esto debemos añadir que, después de su exposición del Padrenuestro trata también de la oración con música, escribir un poema, pintar un cuadro, interpretar una pieza musical o danzar. Asimismo, cuando dice que podemos orar con los pies y con las manos y luego lo explica, nos deja perplejos: orar con los pies es mover los dedos de los pies y orar con las manos es escribir un diario o santiguarse, como hacen católicos, ortodoxos, anglicanos y luteranos. Otra práctica es la que empezó con los monjes del desierto con las piedras que usaban para contar y que se cambió por un cordón de nudos y terminó en un rosario de cuentas. Considera a este de gran importancia, practicado por católicos y ortodoxos, y uno parecido que usan los luteranos de Noruega. Este forma de ayudas al rezo, yo no diría que sea a la oración, se practica también en el islam, el hinduismo, el sijismo y el bahaismo. El cuarto paso, la contemplación,  procede de la estructuración de la lectio por Guigo II  porque se dio en un contexto monacal místico y se podría sustituir por un espacio de quietud o silencio. Es preferible seguir el método actualizado de la Unión Bíblica que termina con la actio, es decir, la puesta en práctica u obediencia a la Palabra que hemos recibido de Dios.

En la parte final de la obra expone lo que llama la oración holística y la apertura a Dios. ¿Qué es el holismo? Es la posición que engloba un conjunto de cosas o el sistema como un todo integrado y total. La oración holística es la que incluye todo nuestro ser y que cada uno de los cuatro pasos pone de relieve una de estas dimensiones, pero también cada una avanza hacia las demás. Algunas de sus sugerencias no las podemos compartir, porque ya nos deshicimos de ellas cuando crucificamos el viejo hombre con sus prácticas religiosas antibíblicas.

Un libro interesante, si hacemos abstracción de algunas de las cosas señaladas y de otras que dejamos que las descubra el lector.

Pedro Puigvert

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