|
José de Segovia, Madrid.
De los muchos centros que he enseñado y mantengo todavía relación, el CEEB es para mí algo especial. En primer lugar, es el sueño de aquellos que me antecedieron y más admiro, por su fidelidad a la Palabra y profundo conocimiento. Es para mí también el ideal de un centro evangélico, interdenominacional, pero claramente basado en la Confesión de Fe de la Alianza Evangélica. En tercer lugar es además el lugar donde he encontrado estudiantes más motivados, por ser quizás un curso nocturno. Y sobre todo, es la institución académica donde más a gusto me siento, por mi identificación y aprecio a profesores y alumnos. Por eso aunque no es mi lugar habitual de mi residencia, el CEEB de Barcelona es para mí el modelo de lo que ha de ser la educación evangélica en este nuevo siglo. Jaume Llenas, Premià de Mar. Mi relación con el CEEB se extiende a lo largo de más de 20 años. Primero como alumno, ahora como profesor en la asignatura de Evangelización y Discipulado. El CEEB me ha aportado algo de inmenso valor, una forma determinada de hacer las cosas. Recuerdo que mis profesores me transmitieron un amor por la Palabra de Dios en un espíritu constructivo y correcto. Esa equilibrada mezcla de amor y verdad con la que enseñaban ha marcado mi ministerio hasta el día de hoy. Valoro mucho que no sólo me transmitieran conocimientos sino que me enseñaran a adquirirlos por mí mismo. Me enseñaron que en aquellos temas difíciles y controvertidos debíamos estudiar más profundamente, orar a Dios por sabiduría y jamás despreciar a los que sostienen opiniones contrarias a las conclusiones a las que yo hubiera llegado. En tiempos de una tolerancia fundamentalista que tolera todas las opiniones y que condena a los que las sostienen, es muy importante regresar a la tolerancia bíblica que afirma que no todas las ideas tienen el mismo valor, aunque pelearíamos por el derecho que tienen las personas a manifestarlas. Ahora como profesor trato de transmitir esos mismos valores a mis alumnos. Trato de hacerles pensar por ellos mismos, de que se relacionen con la sociedad como agentes de Dios para la transformación que el Reino de Dios viene a traer. Creo que el CEEB está en una posición inigualable para formar discípulos para los tiempos en los que Dios nos ha concedido vivir. |