Siete palabras

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sieteStuart Park.
Ediciones Camino Viejo. 2014, 125 pp.

Evidentemente, el lector habrá adivinado que el título se refiere a las siete frases que Jesús pronunció en la cruz, frases que tradicionalmente, aunque cada vez menos,  son comentadas el viernes de la llamada Semana Santa con sermones que llevan el título de este libro. Como señala Stuart, “las siete palabras nos han llegado de manera fragmentada”. Es cierto, porque no todas  aparecen en todos los evangelios, sino que se han reunido tomando las frases que los  evangelistas nos han transmitido  que dijo  Cristo cuando estaba clavado en la cruz. Por ejemplo, las dos primeras  y la última se encuentran en el evangelio de Lucas; la cuarta es transmitida por Mateo y Marcos, mientras Juan menciona la tercera, quinta y sexta en su evangelio. Las frases guardan un orden cronológico que se desprende de los textos.

 Este libro viene a ser algo así como siete sermones escritos sobre cada una de las frases que constituyen los siete capítulos del libro precedidos por un prólogo y rematados con un epílogo y un apéndice. Precisamente en este, se reproduce íntegro el texto de los  evangelios en donde se relata la crucifixión de Jesús y se encuentran cada una de las siete frases destacadas en negrita y así puede verse el contexto de donde  proceden.

 Para el autor, la primera palabra Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen, “da la medida, más que ninguna otra de la bondad incomparable e infinito amor” de Jesús. Asimismo, se plantea Stuart, porqué, si Jesús había perdonado pecados durante su ministerio, ¿cómo es que en la cruz pide que sea el Padre el que dé el perdón a sus verdugos? La respuesta  es “para colocar en el primer plano del drama de la cruz a la persona del Padre”. Aunque nos movemos en un terreno misterioso, sería una evidencia de lo que algunos teólogos han afirmado,  que de alguna manera en la cruz están presentes las tres personas de la Trinidad (cf. H.U.von Balthasar, Ladaria, Moltmann, Jüngel). Stuart prefiere ilustrarlo con el relato del sacrificio de Isaac, que finalmente no se llevó a cabo, y con el dolor de David por la muerte de su hijo Absalón.

Entiende el hermano Stuart que la segunda palabra contrasta con la primera, por cuanto Jesús otorga el perdón a un hombre cuya conciencia ha sido iluminada por lo que ha visto allí en el monte Calvario. En cuanto al paraíso, lo contempla  bajo dos figuras: el Edén y el mundo del Cantar de los Cantares. Pero, ¿estas no son realidades de la eternidad  en una tierra renovada y lo que Cristo le dijo al ladrón tienen que ver más bien con el hoy del estado intermedio? Sin embargo, esto último no es ajeno al texto, pues casi al final menciona la promesa de Jesús de Jn. 14:1, relacionándola con la escena del Gólgota.

 Es cierto que la tercera palabra es la más entrañable de todas, ya que muestra la humanidad del Salvador, al dejar a su madre al cuidado de su discípulo Juan, que quizás era primo de Jesús. Como esta parte del comentario es corta, ha dedicado el resto de páginas a María, tratando su fe, como madre de Jesús en los pocos pasajes de los evangelios que hablan  de ella, y terminando con la Stabat mater, (“Estaba la Madre», en latín) que es una secuencia (himno o tropo del Aleluya gregoriano) atribuida al papa Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi. Se la data en el siglo XIII. Comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa («estaba la Madre sufriendo»). Como plegaria medita sobre el sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo. Esta información no aparece en el libro, sino que la damos nosotros.

La cuarta palabra, posiblemente sea la más trascendental y misteriosa de todas las que pronunció Jesús. El escritor ha optado por exponer el Salmo 22 y no se ha planteado la cuestión del abandono de Dios el Hijo  por Dios el Padre en la cruz. Este es un tema apasionante, mucho más profundo del que aparece en la predicación cuando se dice que el Padre no podía contemplar al Hijo cargando con todos nuestros pecados y lo abandonó, pues Cristo debía llevar a cabo su obra solo. No obstante, una frase del teólogo reformado J. Moltmann, nos puede dar un atisbo de la profundidad de este misterio: “En la donación del Hijo se muestra así la figura de la Trinidad: el Padre que entrega a su único Hijo a la muerte absoluta por nosotros; el Hijo que se entrega por nosotros; el sacrificio común del Padre y del Hijo acontece en el Espíritu Santo, que incluso en el momento de la separación une y liga al Padre al Hijo abandonado”. Como se usa la versión RVR60 –en otras ocurre lo mismo-, no ha tenido en cuenta la frase final del v. 21 que  está en el texto hebreo y no ha sido traducida en dicha versión: me has oído (cf. BI).

La quinta palabra es expuesta a la luz del salmo mesiánico en que aparece (Sal. 69). Es la única expresión de sufrimiento físico que registran los evangelios. Pensamos que al poner el título del salmo no se debería mezclar el de los traductores con el del texto hebreo sin distinguirlos. Algunas versiones en otras lenguas ponen el título como versículo primero y así no hay posibilidad de confusión (por ejemplo, las alemanas) y en otras los traductores ya no han puesto títulos, como la NVI, sino solo el del original.

 Las dos últimas palabras son ya de despedida en que como dice el escritor vallisoletano de adopción, la sexta proclama el triunfo de Cristo, no la derrota y la séptima vuelve la mirada hacia la relación que une el Hijo con el Padre. Muy instructiva la exposición de los términos teleo (consumado o cumplido), teleioo (cumplido) en relación al cumplimiento de las Escrituras porque es la única ocasión en que Juan lo usa así ya que siempre había empleado pleroo. También incluye el término teleioten (consumador, He. 12:2) Así se identifica la consumación de la obra de Cristo con el testimonio de la Escritura. Sin salirnos del cuarto evangelio,  podríamos añadir telos (13:1) con relación al amor de Jesús por los suyos que se ha traducido por “fin” o “consumación”.

Este es un pequeño gran libro, porque entre otras cosas se centra en el hecho más trascendental para la humanidad: la muerte de Cristo en la cruz fuente de gracia y salvación para el pecador. Las siete frases de Jesús en la cruz, magníficamente expuestas por Stuart Park en  este libro, merecen  que las leamos y disfrutemos con reverencia y gratitud.

Pedro Puigvert

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