Orar con los Padres de la Iglesia

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orarMª Victoria Triviño osc.
Desclée de Brouwer, 2014, 264 pp.

Esta obra forma parte de  la  colección “Orar con…” en la que participan varios autores y en la que Mª Victoria Triviño ha colaborado con cuatro libros más. El tamaño del libro es de los que se llaman “de bolsillo” y de ahí el elevado número de páginas con un tipo de letra grande muy legible.  Pertenece al ámbito de lo que podemos denominar espiritualidad católica, como veremos en esta reseña.

Las siglas “osc” significan  que la autora pertenece a la Orden de Santa Clara, cuyas monjas son conocidas como clarisas que en su caso lo es del convento de Santa Clara de Balaguer (Lleida). Es distinguida y apreciada en los ambientes católicos como teóloga de la Hermosura, por la profundidad y belleza de su prosa poética, de inspiración mística.

En este libro, Triviño sigue el orden cronológico de 20 Padres de la Iglesia escritores, desde el siglo II al VII, a los que dedica un capítulo a cada uno.  Entre los más conocidos están Ireneo de Lyon, Orígenes de Alejandría, Ambrosio de Milán, Juan Crisóstomo y Agustín de Hipona. El tratamiento de cada uno de ellos se hace del siguiente modo: en primer lugar, crea una breve reseña biográfica, seguida de un texto seleccionado del mismo que según la autora es la parte más importante, que describe con su prosa poética como “trigo candeal para alimentar la meditación, la oración, la contemplación”. Claro que estos tres aspectos pertenecen a la lectio divina, pero no de un texto patrístico, sino de la Biblia. Al final escribe una  oración, como ayuda al lector que va a usar el libro para sus devociones.

 Empieza con la biografía de Clemente de Roma en donde hace afirmaciones  sobre el que fue obispo de Roma que no compartimos. Lo más cierto de todo lo que dice es que “nada se sabe del origen” de este Padre de la Iglesia. Sin embargo, de entrada le adjudica el título de Papa, el tercero  después de Pedro, o sea, el cuarto. Que fue obispo de Roma es un hecho histórico, pero no pudo ser Papa,  porque el papado como institución de la Iglesia no existía en el siglo primero, ya que por lo menos hasta el siglo V con León I no hubo una cabeza visible de la cristiandad. La segunda cuestión es que lo identifica como colaborador de Pablo y aporta como prueba Fil. 4:3. Sin embargo, la identificación de Clemente en la carta a los Filipenses con el Padre de la Iglesia del mismo nombre no es segura ni está probado, a pesar de que otros Padres lo consideraron la misma persona. Hay que decir, que en aquella época Clemente era un nombre bastante común y  esa es una razón más para considerarse incierto. Lo que se conserva de él es una carta a los corintios, escrita en el 96 d.C., en nombre de la iglesia de Roma, ya que esta iglesia se sentía preocupada por la situación de la iglesia de Corinto en donde seguía la lucha partidista, no porque tuviera alguna autoridad sobre ella.

 En la biografía de Ignacio de Antioquía encontramos una frase que nos sorprende: “fue el tercer obispo de Antioquía después de San Pedro”. ¿Significa que Pedro fue obispo de Antioquía o que Ignacio fue el tercer obispo de esta ciudad después de la muerte de Pedro? En Ireneo, que fue obispo de Lyon, ya encontramos en este libro una frase herética en uno de sus escritos, precursora de lo que sería posteriormente la mariología y la mariolatría: “Por tanto, la Madre que genera al Cristo es la misma por la cual los hombres son regenerados”. Los cristianos somos regenerados por el Espíritu Santo, no por María. Por este texto y otros, sobre todo en los últimos cuatro capítulos y en  las oraciones, se pone al descubierto una vez más que la piedad católica es antes mariana que cristiana, lo cual no nos extraña lo más mínimo.

El que fue gran predicador, Juan Crisóstomo, enumera los dones del bautismo y considera que por esta razón hay que bautizar niños, sin embargo, su descripción del bautismo es el de un acto por inmersión. Es un claro reflejo de las desviaciones que se manifestaron a partir de los siglos IV y V, en algunas prácticas eclesiales porque la doctrinales son anteriores. En resumen, como información biográfica y literaria de los Padres es aceptable, aunque para estos temas hay obras más completas y mejores y en cuanto a la espiritualidad, preferimos la bíblica que es la que verdaderamente nos relaciona con Dios.

Pedro Puigvert

 

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