Doce héroes inconcebibles

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doceJohn MacArthur 
Thomas Nelson Inc, Tennessee. EE. UU., 2012. 244 págs.

Este es el tercer libro sobre personajes bíblicos que recibimos de la prolífera pluma del gran maestro, comentarista bíblico y pastor John MacArthur. Dado que el primero fue: Doce hombres comunes (los doce apóstoles), le agradó el número y le siguió Doce mujeres extraordinarias y ahora Doce héroes inconcebibles. El calificativo héroe en el lenguaje común actual ha perdido su valor relevante anterior, y por cualquier cosa se exclama: «Tú eres mi héroe». Aunque la palabra no aparece en el texto bíblico, sí la encontramos en el enunciado del capítulo 11 de la carta a los Hebreos, la famosa lista de «los héroes de la fe», donde se nombran varios de los personajes que en este libro comenta el autor, v.g. Enoc, José, Gedeón y Sansón, y siguen del Antiguo Testamento, Miriam, Jonatán, Jonás, Ester, y del Nuevo Testamento, Juan el Bautista, Jacobo: el hermano de nuestro Señor, Marcos y Onésimo.

En la introducción, MacArthur, nos deja bien claro, que hay un héroe detrás de todos los héroes: «Al comienzo de un libro que destaca a los héroes de la fe, es imperativo hacer hincapié en un punto crítico: el héroe verdadero de la Escritura, en cada historia de la Biblia, es Dios mismo. Un repaso rápido de varias historias clásicas de la escuela dominical inmediatamente ilustra este punto. Noé no cuidó del arca en medio del diluvio; Abraham no se convirtió a sí mismo en el padre de una gran nación, Josué no hizo que los muros de Jericó cayesen; ni David derrotó a Goliat por sí mismo. En cada uno de estos ejemplos tan conocidos, como en todos los demás casos, el héroe detrás de los héroes es siempre el Señor. En la literatura, el héroe es el protagonista principal, el personaje primordial y la figura central de la narrativa. Sin duda, eso es cierto en cuanto a Dios a lo largo de las páginas de la Escritura. Él es quien siempre da la victoria. Lo que continuamente se muestra es su poder, su sabiduría y su bondad, incluso cuando utiliza instrumentos humanos para llevar a cabo sus propósitos. Por tanto, toda la gloria le pertenece a él. Como aquellos que componen la gran nube de testigos, los héroes humanos de las Escrituras nos señalan a alguien por encima de si mismos. Él es aquel a quien ellos miraban continuamente con fe y de quien dependían constantemente. Su legado de fidelidad finalmente dirige nuestra atención hacia los cielos, a la fuente de su sabiduría y fortaleza; es decir, al Señor mismo. Mi oración por usted, a medida que lea este libro, es que fije sus ojos firmemente en él (véase Hebreos 12:2), reconociendo, junto con todos los héroes de la fe, que aquellos que ponen su confianza en él no serán nunca avergonzados (Romanos 10:11).

El libro tiene un subtítulo: «Como comisionó Dios a personas impensadas en la Biblia y lo que quiere hacer con usted», así, de cada biografía bíblica extrae enseñanzas para la vida del cristiano de hoy; por eso comienza por: Enoc: El hombre que caminó con Dios. El concepto de caminar con Dios, un tema prominente en el AT, continúa en el NT. Se manda a los creyentes que caminen de manera digna del Señor. No deben caminar según la carne o su antigua manera de vivir, sino más bien, según el Espíritu, en novedad de vida, en amor, en buenas obras y en verdad. Deben caminar por fe, como hijos de luz, y guardar los mandamientos de Dios. Jesús mismo fue el máximo ejemplo de alguien que vivió cada momento en perfecta comunión e intimidad con su Padre. Él establece el patrón que debemos seguir. Como nos recuerda 1Jn. 2:6: El que dice que permanece el él, debe andar como él anduvo. Como los creyentes en los tiempos bíblicos, todos los cristianos son llamados a caminar en obediencia, verdad y bondad. Por supuesto, todo en la sociedad combate ese esfuerzo. La cultura secular cada vez es peor, y la Iglesia, en muchos casos, se ha vuelto débil y hueca. La tentación a transigir y pecar es inmensa e implacable; pero como en los días de Enoc y Noé, Dios está viendo a quienes caminan fielmente con él. Como nos recuerda 2 Cr. 16:9: Porque los ojos de Yahweh contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él«. Las acciones de los hombres y mujeres piadosos no están determinadas por la presión de grupo o la opinión popular. Al contrario, surgen del profundo carácter personal y la convicción: esa clase de convicción forjada durante años caminando con el Señor en comunión, verdad y obediencia.

Ese tipo de caminar caracterizó la vida de Enoc. Comenzó con el perdón de pecados, estaba marcado por la fe en el Señor y, por consiguiente, dio como resultado frutos de justicia. En  medio de una sociedad corrupta que se dirigía a la destrucción total, el caminar de Enoc con Dios era algo contracultural y celestial en carácter, como demuestra su final terrenal.

John F. MacArthur, estudió en el Talbot Theological Seminary y el Dallas Theological Seminary. Es pastor de Grace Community Church en Sun Valley (California) una de las iglesias de mayor crecimiento en EE.UU. y cuenta con un programa de radio «Gracia a Vosotros» que se transmite en varios idiomas. Es autor de numerosos comentarios y libros basados en sus sermones.

E.V. Giró – Barcelona

 

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