La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Ezequiel – Daniel

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Thomas C. Oden,
Editorial Ciudad Nueva, 2015, 492 pp.

La colección que se conoce con este título, de la que nos hemos hecho eco de cada uno de los volúmenes publicados, ya ha completado el Nuevo Testamento y con este ejemplar solamente les faltan 5 libros para terminarla. Como en el volumen que reseñamos se recogen comentarios de dos libros, se han hecho también sendas introducciones, una por uno de los preparadores de la colección, Kenneth Stevenson y la otra por C. Thomas Mc Collough. Lo que nos ha llamado la atención es que ninguno de los dos se haya referido al género literario de los libros que comentan los padres de la iglesia. Lo que se señala en el comentario a Ezequiel es que hubieron pocos padres de la iglesia que se atrevieron con este libro por las dificultades evidentes de comprensión al tratarse precisamente de un género literario que en su época, a pesar de su cercanía con el florecimiento de este tipo de literatura, desconocían las claves para su conocimiento y de ahí que uno de los cuatro padres que aparece en primer lugar  sea Orígenes, el campeón de la alegorización del texto bíblico, un método  alejado de la interpretación objetiva y cabal de las Escrituras del que hay que huir siempre. Este predicó un ciclo de 14 homilías durante su estancia en Cesarea, pero se han perdido en su mayor parte y lo que ha quedado es una versión de Jerónimo en latín. A su vez Jerónimo tiene su propio comentario que realizó durante los últimos años de su vida, cuando ya había concluido su versión de la Biblia conocida como Vulgata. El tercero es Teodoreto de Ciro, el cual sigue la tradición exegética de Antioquía que era todo lo contrario de la escuela alegórica de Alejandría. El cuarto es Gregorio Magno en una serie de 22 homilías predicadas antes de ser nombrado Papa. Como podemos observar, la mayor parte de los comentarios son de carácter homilético por lo que el rigor exegético no es precisamente lo más destacado.

Estos cuatro padres de la iglesia fueron los principales comentaristas del libro del profeta Ezequiel, pero también hubo otros que hicieron comentarios que se mencionan en los diferentes párrafos. Una cosa es clara, la alegorización del texto bíblico predominaba en la época en que vivieron todos ellos. Por ejemplo, la visión de los cuatro seres vivientes la interpretan como referida a los cuatro evangelistas, pero no hay base alguna para ello, salvo la imaginación del intérprete. Y alguno como Beda roza el esperpento: “el hombre y el toro, preanuncian la pasión y muerte de Cristo”. Ni Teodoreto se escapa de alegorizar, pues  ve una representación de cada animal simbolizando algo, aunque solo acierta en la mención de la apariencia humana ya que es algo que se desprende de manera obvia. En la visión del valle de los huesos secos, la mayoría apunta a la resurrección, pero ninguno tiene en cuenta el sentido primigenio que se refiere a la resurrección nacional de Israel cuando después del exilio regresaría a su tierra. Aunque en la interpretación de los nueve capítulos finales dejan correr la fantasía, en algunas cosas  no están muy alejados de su auténtico significado exegético y lo entienden mejor que la escuela futurista actual.

En cuanto a Daniel, los comentarios completos que se recogen son los realizados en griego por Hipólito, Orígenes, Teodoro de Mopsuestia, Cirilo de Alejandría, Teodoreto de Ciro y Policronio; en latín por Jerónimo y en siríaco por Efrén e Isho’dad de Merv. Otra cuestión que debemos tener en cuenta es que no solo se comentan los textos canónicos, sino también los capítulos añadidos13 y 14, que pertenecen a la apócrifa.

La interpretación de la estatua que soñó Nabucodonosor hecha por Daniel es tan evidente que hay unanimidad entre los padres en identificar a cada uno de los cuatro imperios, pero es Teodoreto de Ciro el que mejor explica el significado de la piedra desprendida. Él mismo también relaciona los reinos con las cuatro bestias en el mismo orden y en general coinciden todos los intérpretes. En cuanto a la interpretación de las setenta semanas y más concretamente a la última reconforta leer cómo todos concuerdan en su cumplimiento en Cristo y en la destrucción de Jerusalén, cosa que no ocurre en la actualidad con la exégesis dispensacionalista  de este pasaje, la cual separa la semana sesenta y nueve de la setenta y la entiende como por cumplir.

Asimismo, con la frase la ciencia aumentará, que algunos interpretan como una profecía de los descubrimientos científicos, cuando en realidad se refiere al conocimiento de Dios; los padres de la iglesia captaron su verdadero significado.

En resumen, creemos que los padres comprendieron mejor la profecía de Daniel que la de Ezequiel, pero siempre es interesante conocerlos por lo que escribieron sobre la Biblia.

Pedro Puigvert

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