Sermones

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Gaudencio de Brescia.
Biblioteca de Patrística, Editorial Ciudad Nueva, Madrid, 2017. 270 págs.

Aunque no nos sea familiar, por estas latitudes, este autor, si es citado en la obra: PATROLOGÍA. Manual de literatura cristiana antigua griega y latina. Claudio Moreschini – Enrico Norelli. Ediciones Sígueme. “Escritores del ambiente ambrosiano: Filastrio, obispo de Brescia, escribió un libro Sobre las herejías entre los años 383 y 391… A Filastro le sucedió Gaudencio, autor de quince predicaciones a su amigo Benivolus, que había abandonado el puesto de secretario del emperador Valentiniano I (364-375) cuando este promulgó algunas leyes favorables a los arrianos.”

Para poder seguir conociendo al autor, nos referiremos a la contraportada y a la introducción. “Gaudencio, obispo de Brescia poco después de 390, destaca por su fama de buen predicador. Sabemos que fue consagrado obispo por san Ambrosio de Milán. Los Sermones que se traducen en el presente volumen nos trasmiten los pocos datos biográficos que poseemos de este autor y las dos características principales de su predicación: la adecuación de su enseñanza a la verdad de la doctrina cristiana y, en consecuencia para que fuera totalmente ortodoxa, libre de contaminaciones heréticas y la manifestación de la gran humildad de su autor. Como se lee en el proemio de los Sermones, un alto funcionario no pudo asistir por enfermedad a la predicación del obispo de la ciudad y rogó al predicador que se la enviara por escrito. Gaudencio puso por escrito aquella predicación y añadió otros sermones. Toda esta obra es la que presenta este volumen.

Respecto a la doctrina expuesta por Gaudencio, hay que decir que conoce perfectamente las definiciones conciliares sobre la Trinidad, la cristología y otros puntos que habían sido debatidos en épocas anteriores a la que le tocó vivir al obispo de Brescia a finales del siglo IV. Así se puede afirmar que la teología de Gaudencio se engarza en la tradición de sus antecesores latinos, como Tertuliano, san Ambrosio y san Jerónimo. Gaudencio nos revela en sus escritos una buena formación literaria, de acuerdo con los estudios superiores de la época. Tenía además un buen conocimiento de la lengua griega, cosa menos frecuente entre los Padres latinos, con excepción de san Ambrosio y algún otro.

Siendo todavía joven, emprendió un viaje a Oriente, según el mismo nos informa en los Sermones XVI y XVII. Tenemos algunas informaciones de su estancia en Cesarea de Capadocia, muy probablemente recibió allí una copia de las homilías sobre los mártires de Sebaste, tanto de san Basilio como de san Gregorio de Nisa. En esta misma línea habría que situar la adquisición de unos códices griegos del Nuevo Testamento, que luego utilizará en Brescia, y citará varias veces en su exégesis. Sobre las circunstancias de su elevación al episcopado tenemos una información de primera mano en el Sermón XVI, que nos ofrece el rechazo inicial a su elección, así como el papel decisivo que desempeñó san Ambrosio en este asunto. Estando todavía de viaje por Oriente, tuvo lugar su elección como obispo de Brescia. Con el apoyo de Ambrosio, la comunidad cristiana impuso a los obispos orientales, donde estaba viviendo Gaudencio, que lo reenviaran a Italia, bajo pena de excomunión. Así pues, se dejó ordenar “obligado”, como les sucedió a otros ilustres predecesores suyos como Gregorio de Nacianzo o Ambrosio de Milán.”

Como ejemplo de uno de sus sermones citaremos el inicio del “En la noche de la vigilia de la celebración de la Pascua». El Señor Jesús quiso que la solemnidad de la Pascua fuese celebrada en un tiempo oportuno, después de la niebla del otoño, después del rigor del invierno, antes del calor del verano. En efecto, era conveniente que Cristo, Sol de justicia, con la luz serena de su resurrección, por un lado alejase las tinieblas de los judíos y la dureza de los paganos antes del calor del juicio futuro y, por otro lado recondujese al estado de su sereno origen todas las cosas, que habían estado desfiguradas con un tétrico velo por el príncipe de las tinieblas. En efecto, Dios creó el mundo en el clima templado de la primavera. En el mes de marzo Dios dijo a Moisés: Este mes será para vosotros el primero entre los meses del año, (Éx. 12:2). Ciertamente Dios, que es veraz, no habría llamado primero a este mes, si no lo hubiera sido, como no habría llamado séptimo al sábado, si el domingo no fuese el primero. Así pues, el Hijo de Dios, por quien han sido hechas todas las cosas, con la propia resurrección resucita el mundo en el mismo día y en la misma estación en el que él precedentemente lo había creado de la nada, para que fueran renovadas en Cristo todas las cosas, aquellas que están en los cielos y aquellas que están en la tierra, porque de él y en él y para él existen todas las cosas, como dice el Apóstol, a él la gloria en los siglos, (Ro. 12:36).”

Ejemplo de temas domésticos. “…Son desgraciadas aquellas casas que no son en realidad distintas de los teatros. La casa del cristiano y bautizado debe estar inmune de las danzas del diablo, debe ser verdaderamente humana acogedora, santificada por las frecuentes oraciones, salmos, himnos, cánticos espirituales; que esté presente la palabra de Dios y el signo de Cristo en el corazón, en la boca, en la frente, cuando se come, cuando se bebe, cuando se habla, cuando nos lavamos, cuando se descansa, cuando se entra, cuando se sale, cuando se está contento, cuando se está triste, para que, según la enseñanza del santísimo apóstol Pablo, ya comáis, ya bebáis, ya hagáis cualquier otra cosa, todo sea hecho en el nombre del Señor Jesucristo. En efecto, él perdona los pecados pasados, y promete los premios de una vida sin culpa alguna”.

E.V. Giró

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