Maldito el que cuelga de un madero

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Gérard Rossée.
Ciudad Nueva , 2017, 98 pp.

Este pequeño libro trata del mayor acontecimiento  que haya ocurrido en la historia de la humanidad, pues todo él gira en torno a los temas que desprenden de la crucifixión de Jesús. El autor lo ha desarrollado en siete capítulos: la muerte por crucifixión en el judaísmo; Jesús crucificado en san Pablo; la crucifixión y muerte de Jesús; buscando la tradición más antigua; el grito de abandono a la luz del AT; ¿cómo interpretar el grito de abandono? E interpretación del grito de abandono en Marcos. Conclusión.

El planteamiento no deja de ser sugerente, al menos por los enunciados de los capítulos.

La crucifixión de Jesús, aunque fue ejecutada por los romanos, ya era un sistema de ejecución conocido por los judíos. El condenado debía llevar el palo transversal por las calles de la ciudad hasta el lugar de la ejecución. En el judaísmo de la época se aplicaba el texto de Dt. 21:23. Dice el autor que el suplicio de la crucifixión era conocido y practicado en Israel antes de que lo introdujeran los romanos. E. Puech, cita como ejemplos de crucifixión anteriores a la llegada de los romanos los siguientes (2S. 21:9; Jos. 8:29; Sal. 22:16; Esd. 6:11). A la luz del texto de Deuteronomio, es admisible que Jesús fuese considerado por muchos en Israel como un “maldito de Dios”. Pablo lo afirma explícitamente siguiendo la LXX en Gá. 3:13, donde pone el sustantivo maldición en participio pasado: “maldito”. Dice Rossé “A Jesús se le considera maldito porque ha sufrido el suplicio de la cruz previsto por la ley (Dt. 21:23)”.

Es el apóstol Pablo en sus cartas que explicita el significado de la cruz cuando dice que Cristo murió por nuestros pecados, por los débiles, por los impíos y de manera especial en (Co. 1:23-24). Escribe U.Schnelle: “para Pablo la cruz de Cristo es el  criterio teológico decisivo; él no argumenta sobre la cruz, sino que habla a partir de la cruz”. Por otro lado, dice Piero Coda sobre el pensamiento de Pablo. “a la luz pascual de Cristo resucitado, vivo y presente, la predicación de la cruz (1 Co. 1:18) se vuelve la clave interpretativa de toda la Escritura, y toda la Escritura es un comentario a la cruz como gloria del Señor”. Rossé examina en el evangelio de Marcos el grito de abandono Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? Que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Lo enmarca siguiendo el relato a partir de Mr. 15:24 explicando cada versículo, hasta llegar al v. 34. Jesús ha sufrido una serie de abandonos, hasta llegar al de Dios Padre antes de expirar. En el capítulo siguiente se trata de las palabras que Cristo pronunció en la cruz. Habitualmente, se han constatado siete frases que Jesús profirió mientras sufría crucificado, pero el autor menciona ocho, ya que la que dirigió a a su madre y al discípulo amado forman una unidad y él las separa. El grito de abandono está presente solo en Mateo y Marcos, Lucas menciona tres frases que son exclusivas y lo mismo hace Juan con otras tres. Considera que este hecho es debido a que cada evangelista escribió su relato sobre la base de una tradición o fuente diferente. Marcos fue el primero y mucho de este material se repite en Mateo y Lucas, pero hay un texto común de estos que no se encuentra en Marcos y se especula que pertenece a otra fuente que los eruditos han llamado Q. Esto último no lo dice de esta manera, pero se refiere a ello. Sobre Juan, su teoría es que aun siendo el último evangelio en escribirse no tuvo acceso a los tres otros tres, sino que la tradición que usó era exclusiva. El que Jesús tomara algunas frases, como la del Sal. 22:1, según Rossé, en realidad fueron los evangelistas que se las pusieron en su boca en la línea de la passio justi que proviene de los judíos y ya estaba en la tradición anterior a Marcos. Finalmente podemos encontrar la interpretación del abandono en que “el Hijo de Dios ha vivido la muerte en todo su trágico significado religioso, adquirido como consecuencia del pecado: lejanía de Dios. Él se hizo “pecado, ‘maldición’ (2 Co. 5:21; Gá. 3:13) y esto hasta la extrema consecuencia del pecado: la muerte”. No tenemos claro que significa para el autor la frase Hijo de Dios. Porque a lo largo de todo el libro, tenemos la impresión que Jesús es un hombre extraordinario, Hijo de Dios aunque escrito en mayúscula tiene el mismo sentido que en minúscula, pero no la segunda persona de la deidad hecho hombre; no obstante hay una referencia al Hijo encarnado, lo que nos deja en la duda. De lo contrario, el significado del abandono sería algo diferente, aunque la interpretación en base a los textos aportados es correcta.

Gèrard Rossé, es licenciado en teología por la Pontificia Universidad Lateranense y especializado en Sagrada Escritura en el Instituto Bíblico. Hace aportaciones interesantes en un tema de gran dificultad teológica,  que pocos teólogos han entrado a discutir y eso en sí mismo es de alabar. Sin embargo creemos que para completarlo hace falta la referencia al Espíritu Santo para darle una dimensión trinitaria.

Pedro Puigvert

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