Los Deberes

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Editorial Ciudad Nueva. Madrid 2015. 311 págs.

Antes de seguir adelante con nuestra reseña del libro, es de justicia,  felicitar a la editorial por este hito que solo alcanzan, en nuestros días, algunas colecciones muy privilegiadas. La calidad de los trabajos que contienen estos 100 números de esta selecta Biblioteca de Patrística, la coloca entre los  textos de  referencia en esta importante materia.

La editorial presenta esta colección con estas palabras: "Los Padres siguen constituyendo hoy en día un punto de referencia indispensable para la vida cristiana. Testigos profundos y autorizados de la más inmediata tradición apostólica, partícipes directos de la vida de las comunidades cristianas, se destaca en ellos una riquísima temática pastoral, un desarrollo del dogma iluminado por un carisma especial, una comprensión de las Escrituras que tiene como guía al Espíritu. La penetración del mensaje cristiano en el ambiente socio-cultural de su época, al imponer el examen de varios problemas a cual más delicado, lleva a los Padres a indicar soluciones que se revelan extraordinariamente actuales para nosotros. De ahí el "retorno a los Padres" mediante una iniciativa editorial que trata de detectar las exigencias más vivas y a veces también más dolorosas en las que se debate la comunidad cristiana de nuestro tiempo, para esclarecerla a la luz de los enfoques y de las soluciones que los Padres proporcionan a sus comunidades. Esto puede ser además una garantía de certezas en un momento en que formas de pluralismo mal entendido pueden ocasionar dudas e incertidumbres a la hora de afrontar problemas vitales. La colección cuenta con el asesoramiento de importantes patrólogos españoles, y las obras están  preparadas por profesores competentes y especializados, que traducen en prosa llana y moderna la espontaneidad con que escribían los Padres".

En su Manual de Patrología, el profesor Bernardo Sánchez, nos presenta a Ambrosio de Milán, con estas breves palabras: “De Ambrosio se han dicho los mayores elogios. La gloria más grande de la Iglesia italiana y aun de las Iglesias del siglo IV". Es quien mejor representa a la Iglesia en su período de apogeo del Imperio Romano. Nacido probablemente en Tréveris, actualmente Alemania, donde su padre ostentaba el alto cargo civil de prefecto  pretoriano de Galia, el año 340, fue educado en Roma en la retórica y la jurisprudencia. Su talento, su inteligencia y simpatía, determinaron su designación por el 374  como  gobernador de una parte considerable del Norte de  Italia,  con  residencia  en  Milán, por aquel tiempo capital imperial. Era el tipo perfecto del romano. Poseía una autoridad natural que se imponía con su presencia y el prestigio que le rodeaba. Al mismo tiempo estaba dotado de un carácter blando y de una voluntad enérgica, que no conocía dificultades.

La muerte del obispo arriano Auxencio, en el 374, dejó vacante la sede de Milán. Las dos facciones estaban enfrentadas en acerba disputa en cuanto a la posición teológica del sucesor. En esa circunstancia entró el joven gobernador en la iglesia para apaciguar a la multitud, cuando se oyó un grito: "¡Ambrosio obispo!". Para Ambrosio, aquello fue un claro indicio de que Dios le llamaba a servirle. ¡Aunque aún no estaba bautizado, se halló nombrado obispo de Milán a los veinticuatro años de edad! Una semana después fue bautizado... y consagrado obispo. Comenzó su ministerio dando a la Iglesia y a los pobres la propiedad de su hacienda, de suerte que nada quedó que pudiese decirse que era suyo en esta tierra.

Bajo la guía de Simpliciano, se dio de lleno al estudio de la Biblia, de los Padres griegos y de autores hebreos y paganos como Filón y Plotino. Agustín da fe de su total entrega al estudio. Esto y su incesante meditación de la Palabra de Dios fue la fuente de su ministerio pastoral y de la predicación ambrosiana. Llegó a decir: "No me gloriaré por ser justo, me gloriaré porque soy redimido. No me gloriaré porque soy libre del pecado, me gloriaré porque mis pecados son perdonados". Aunque violento y a veces despótico, fue hombre del más elevado carácter personal y de celo infatigable. Hombres así hacían falta en el caos del caduco imperio. Murió el 397 d.C. Su clara inteligencia se inclinaba más por las cuestiones prácticas que por las especulaciones. Con su trato y su elocuencia llegó a ejercer una influencia excepcional en cuantos le rodearon. Sus relaciones con Valentiniano I, al principio, que había aprobado su nombramiento, discurrieron en un clima de paz y respeto mutuo. Agustín fue guiado a la conversión por él.

En la introducción, Domingo Ramos-Lissón, autor de la traducción y de las notas, dice: “Vamos a centrarnos brevemente en el tratado De officiis que, como es sabido, ha tenido una gran influencia en la posteridad. Así por ejemplo, los humanistas del Renacimiento le otorgaron a este escrito ambrosiano un lugar destacado, al ser una de las primeras obras latinas que se imprimieron en el siglo XV. El título del libro De officiis es el mismo de un tratado de Cicerón y también de otros autores clásicos de la talla de Séneca y de Suetonio. (Algo crítico resulta el comentario de Claudio Moreschini y Enrico Norelli en su obra Patrología. Manual de literatura cristiana antigua griega y latina, donde dicen: "muy famoso, pero sustancialmente carente de originalidad, es Sobre los deberes de los ministros de Dios (De officiis ministrorum), escrito probablemente en el año 391, en el que Ambrosio retoma, a menudo de forma confusa y desordenada, el tratado de Cicerón Sobre los deberes, adaptándolo al comportamiento de los religiosos.) Como es bien sabido, el De officiis ambrosiano se inspira en la obra homónima de Cicerón, escrita en los últimos meses del año 44 a.C. y dedicada a su hijo Marco. También Ambrosio, en el comienzo de su tratado, vemos que se dirige igualmente a sus "hijos" espirituales, los clérigos de Milán, apoyándose no tanto en la obra ciceroniana, sino en la Escritura. Ahora bien, no se debe pensar que el obispo de Milán se dirige en exclusiva a sus clérigos, sino que también tuvo en cuenta a otros componentes de la comunidad cristiana de Milán. (Sintetizando el contenido, Bernardo Sánchez dice: “De officiis sigue el modelo de la obra de Cicerón en cuanto al título y en la distribución en tres libros:
I. Sobre lo honesto;
II. Sobre lo útil;
III. Sobre la oposición entre útil y honesto.
Destina su estudio a los ministros religiosos y quizá también a todos los fieles. Hacer ver la diferencia radical entre moral estoica, que parte del hombre, y la moral cristiana, que parte de Dios. Se vale de ejemplos tomados de la Biblia para sustituir con ellos los ejemplos tomados del mundo  pagano”.)

Así comienza Ambrosio el Libro I.

1.      “No pienso ser considerado presuntuoso si quiero asumir el papel de enseñar a mis hijos, puesto que el mismo maestro de la humildad dijo: Venid, hijos, escuchadme, os enseñaré el temor del Señor (Sal. 34:11). Y se puede ver ahí la humildad de su modestia y su gracia. Diciendo, en efecto, el temor del Señor, que parece ser común a todos, reveló el distintivo de su modestia. Y sin embargo, siendo el mismo temor el principio de la sabiduría y la causa de la felicidad, porque los que temen a Dios son felices, se manifestó evidentemente como un maestro capaz de enseñar la sabiduría y un guía para alcanzar la posesión de la felicidad. Luego de hablar sobre la modestia, pasa a lo conveniente (decorum) con esta introducción: Con gusto me he detenido largo tiempo sobre las cuestiones relativas a la modestia, porque os hablaba a vosotros que, o bien reconocéis por vosotros mismos sus beneficios, o bien ignoráis los daños que (ella) puede sufrir. Pero, aunque la modestia sea apropiada a todas la edades, a todas las personas, a todos los tiempos y lugares, sin embargo, conviene sobre todo a los años de la adolescencia y de la juventud. Pero, en toda edad hay que respetar la conveniencia en aquello que hagas, y que el orden de tu vida sea coherente contigo mismo. Más adelante sigue: Observemos, por tanto, la modestia y cierta moderación que realza el ornato de toda vida. No es, en efecto, cosa banal conservar la mesura en las cosas singulares y establecer el orden en el que verdaderamente brille aquello que se considera "conveniente" (decorum): el cual está de tal manera unido con lo honesto que no se pueden comprender en su diversidad, pero no se pueden explicar con claridad. Y para intentar obtener una cierta distinción, se podría decir que la honestidad es como la salud y un cierto bienestar del cuerpo; en cuanto a lo conveniente es como la gracia y la belleza. Ya en el libro III nos habla de la amistad, así: Abre tu corazón a tu amigo para que te sea fiel y tú puedas recibir de él la alegría de vivir. Un amigo fiel es un remedio para la vida y un don de inmortalidad. Respeta a tu amigo como a un igual, y no te avergüences en adelantarte a tu amigo en ser servicial; la amistad ignora la soberbia. Por eso el sabio dice: No te avergüences de saludar al amigo. No abandones al amigo en la necesidad, no lo olvides, no lo dejes sin ayuda, porque la amistad es una ayuda para la vida. Llevemos juntos nuestras cargas, como nos ha enseñado el Apóstol; él habla a los que la caridad ha unido como miembros del mismo cuerpo. Y prosigue para terminar el libro, con estos párrafos: El Señor en persona, después de haber sido ofendido por tres reyes, que habían faltado al respeto al santo Job, prefirió perdonarlos por la intercesión de su amigo, de manera que él apoya de la amistad se convirtió en remisión de los pecados. Job intercedió y el Señor perdonó: la amistad fue provechosa a aquellos cuya insolencia había dañado.

Os he dejado estas páginas, hijos míos, para que las custodiéis en vuestra alma. Vosotros comprobaréis si tienen algún provecho. En todo caso, ellas os aportarán un gran número de ejemplos. De hecho, en estos tres libros están contenidos casi todos los ejemplos de nuestros mayores y también muchas palabras suyas, de manera que, aun cuando el estilo no ofrezca ningún atractivo, sin embargo, la sucesión de los viejos tiempos, expuesta de manera resumida, reúne una multitud fe enseñanzas”.

Una buena obra para leer con atención y aprovechamiento.

Eduardo Vidal

 

 

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