Deja que te cuente...

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Mark Greene.
Andamio Editorial, Barcelona, 2019. 70 págs.

Mark Greene tuvo una infancia feliz como judío en el noreste de Londres. Durante el último mes de sus estudios universitarios, Dios le llamó a su reino y pasó diez años trabajando en publicidad. Cautivado por el deseo de profundizar en la palabra de Dios, se tomó un tiempo sabático para estudiar en la London School of Theology. En 1999 se unió al London Institute for Contemporary Christianity, comprometido a centrarse en el llamamiento de que todos los miembros del pueblo de Dios estuvieran capacitados para vivir sus vidas (de lunes a sábado, y no solo los domingos) manteniendo una relación dinámica y fructífera con Cristo. Entre sus libros figuran Por fin es lunes y Dando fruto en tu lugar de misión.

Libro de amena lectura, nos desafía a desplegar todas nuestras sensibilidades para  poder reconocer y disfrutar, de la presencia de Dios y la guía del Espíritu Santo en nuestro devenir diario, para poder alabarle y adorarle aun en los más pequeños detalles, que con el ajetreo diario nos pasan desapercibidos las más de las veces. Por eso el autor nos anima, en la introducción a las ocho historias, así: "Descubrir a Dios en nuestras vidas cotidianas. Para el cristiano, los días normales no existen. Con Cristo, cualquier día, cualquier tarea, toda situación o relación rebosa de posibilidades divinas. Dios nunca deja de obrar en nuestras vidas. Pero, ¿somos conscientes de ello? Deja que te cuente... es una serie de relatos verídicos sobre personas en las que Dios ha obrado (y a las que ha usado para obrar) en la típica semana de lunes a sábado. Esto no quiere decir que todas estas personas fueran conscientes de cómo obraba Dios, a menudo no lo fueron hasta que alguien les preguntó sobre el tema, o simplemente les indicó lo que pasaba. En realidad, muchos de nosotros somos así: no podemos ver lo que ven otros. A menudo, hace falta tiempo para que la gente perciba la belleza de lo que Dios ha estado haciendo.

Alentadoramente, una de las maneras en que podemos aprender a ver la mano de Dios con mayor celeridad consiste en reflexionar sobre nuestras vidas a la luz de la Biblia. Por ejemplo, podemos preguntarnos: ¿Qué vínculo o paralelo detecto entre la manera en que actuó Dios en la vida de David o de Débora y el modo en que parece estar obrando en la mía? ¿Qué fruto del Espíritu me ha ayudado Dios a manifestar (a pesar de mí mismo) en esta circunstancia? Por lo tanto, en esta colección he procurado resaltar los vínculos entre estos testimonios contemporáneos, y los personajes y enseñanzas de la Biblia. Tengo la esperanza de que esto te ayude a leer tus propias vivencias a través de una lente bíblica y a percibir lo que Dios ha estado haciendo (o está haciendo) en tu vida. Espero también que te anime a compartir tus experiencias con otros y responder a ellas con alabanza, acción de gracias, y oración por la obra y la presencia constante de Dios.

Por supuesto, nuestros testimonios, nuestros relatos en primera persona, de los actos de Dios en nuestra vida nunca pretenden desplazar la gran historia de la obra de Dios en el tiempo, ni la suprema revelación de sí mismo por medio de Cristo; su propósito es hacer que destaquen más."

Para alentar al lector con sus posibles relatos, les dice: "Aquí tienes espacio para que cuentes algún momento o época en la que Dios actuaba en tu vida. No tiene por qué ser nada espectacular, porque la mano de Dios es sorprendente sea cual sea su manifestación; simplemente, escribe lo que sucedió y cómo te sentiste. Incluyo algunas preguntas que pueden ayudarte a ti (o a quien sea) a ponerte en marcha. Por supuesto, si trabajas en un grupo pequeño, siempre podéis añadir más preguntas.

¿Qué estaba pasando en tu vida en ese momento? ¿Qué sucedió? ¿Cómo te hizo sentir en aquel instante? ¿Qué diferencia supuso para ti o para otros? ¿Qué aprendiste sobre Dios? ¿Qué vínculos ves entre ese episodio y la Biblia?"

Esta colección de historias reales -bien escogidas- son un aliento para que podamos percibir la mano de  Dios, en nuestro diario discurrir por nuestra simple vida. Quizás nos quede el regusto de cortedad, podían haber sido algunas más, pero estas nos abren los ojos a la realidad diaria de la intervención de Dios en nuestras vidas, si se las entregamos en sus manos, y esto puede hacer que seamos de ayuda a otros que estén en sufrimiento, recordando que Dios es el restaurador y a él debemos encomendarlo todo. Recordemos Hebreos 11:1, "La fe es la garantía de las cosas que esperamos y certeza de las realidades que no vemos". Cuantas veces no vemos los milagros que ocurren cerca de nosotros, incluso en respuesta a nuestras oraciones, por falta de fe.

E.V. Giró

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