Evangelios de Mateo y Marcos

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evangeliosJosé Enrique Ruiz de Galarreta.
Ediciones Feadulta.com, 2017,

Es la tercera obra de la colección Exégesis Fe Adulta, emprendida por la editorial del mismo nombre. En esta reseña debemos empezar por el autor, ya que se trata de una obra póstuma que no fue directamente escrita por él para ser publicada, aunque todo el contenido es obra suya. José Enrique Ruiz era jesuita, como se informa en primera persona en el faldón izquierdo, que dedicó toda su vida “profesional” a la educación en varios colegios, sin tener nunca cargos de alta dirección. En los últimos años de su vida, desde principios de este siglo, se entregó a la pastoral de adultos, dando charlas, cursos y retiros. Falleció a la edad de 77 años. Todos los jueves, en la capilla del colegio de san Ignacio de Pamplona, invitaba a los que querían asistir a un rato de oración que se basaba en las tres lecturas del domingo siguiente. Preparaba unos comentarios sobre cada una de las tres lecturas, siendo los más extensos los  efectuados sobre el Evangelio. Hacía copias de sus comentarios para cada uno de los asistentes, pero más adelante se las enviaba por internet, cuando el número de destinatarios empezó a ser muy elevado.

Este libro es fruto de una recopilación de los comentarios semanales hechos sobre dos evangelios, los cuales se han cotejado con todas las versiones surgidas con el tiempo cuando coincidía la lectura del Evangelio, pero el comentario no era sincrónico. Por tanto, se trata de apuntes que servían para centrar un tiempo de reflexión y oración y no de un comentario bíblico al uso. La recopilación ha sido efectuada  por Miguel Ángel Munárriz Casajús, doctor ingeniero de la Escuela Tecnica Superior de Ingeniería (ICAI) de la Universidad Pontificia de Comillas dirigida por la Compañía de Jesús y autor de varios libros de diversa temática.

 La metodología es la siguiente: encabeza la página con la lectura seleccionada del capítulo primero del  evangelio  de Mateo, pero solamente de siete versículos. En las páginas siguientes sigue el mismo criterio selectivo, dejando algunos textos sin comentario. Seguidamente, extrae los temas de esta lectura y la contextualiza brevemente. Luego hace una reflexión de los temas para desembocar en la oración que tiene dos ámbitos, la meditación y la contemplación, es decir, con la lectura  estos tres aspectos pertenecen básicamente a la lectio divina. Nos llama la atención que tratándose de un comentario de espiritualidad piadosa suelte perlas propias de la teología liberal, como por ejemplo, cuando dice que el libro del Éxodo le aplica a Moisés un nacimiento prodigioso, tomado de otras literaturas para mostrar que su destino era extraordinario; algo semejante hace Mateo con el nacimiento de Jesús. Sin negar la historicidad del nacimiento de Jesús, dice que debemos ir más allá y ver en Jesús a un hombre extraordinario con una extraordinaria presencia del espíritu de Dios (¿por qué pone espíritu en minúscula?) “tanto que le hemos llamado <el Hijo>.” ¿Es realmente así? Según Ga. 4:4, Dios envió a su Hijo. No se lo hemos llamado nosotros sino que lo tenemos en Palabra de Dios.

De acuerdo con que la revelación de Dios es progresiva, pero en desacuerdo con que Israel ha dejado en la Biblia un testimonio de Dios. ¿Es la Biblia, revelación de Dios o solo un testimonio del Señor que ha hace el pueblo de Dios? Al reproducir el texto bíblico se hace con dos tipos de letra, para diferenciar lo que es narración de la cita o palabras de otro sitio que están en cursiva. Tampoco entendemos que al poner en boca de María estas palabras “tú eres el hijo de Dios” a su propio hijo, pongan el primer término “hijo” en minúscula asimilándolo al segundo vocablo “hijo”, como si Jesús no fuera Dios. Jugar así con las mayúsculas y minúsculas confunde al lector sencillo, porque aparte de la tendencia actual de eliminar mayúsculas, en este caso tiene una repercusión teológica. Tampoco podemos estar de acuerdo en que Yahweh, Alá y Abbá se refieren a lo mismo. Yahweh es el nombre personal de Dios y Abbá es Dios el Padre, la primera persona de la Trinidad, dos nombres para referirse a Dios, pero Alá no tiene nada que ver con el Dios de la revelación hebreo-cristiana, por más que se empeñen algunos. Sin embargo, al final del primer evangelio, expresa claramente lo que es la Trinidad: “en Jesús, el Hijo, podemos conocer a Dios, y lo conocemos como Padre y como Espíritu”.

De la misma manera que hemos señalado aquello en lo que discrepamos, también queremos mencionar que su interpretación de la confesión de Pedro es correcta y valiente. Su corrección sobre la palabra “infierno”, que no está presente en este pasaje, aunque hay versiones de la Biblia en que aparece erróneamente, sino que el original griego dice Hades, sin embargo, merece también corrección por nuestra parte, porque ha puesto Sheol que es el equivalente hebreo de Hades. Es curioso que en el texto del evangelio que reproduce al principio de la perícopa sí ha dejado el término Hades tal como está en el original griego.  Los comentarios a algunas de las lecturas, se relacionan con el calendario litúrgico católico, lo cual tiene sentido porque los textos que va desgranando pertenecen a la lectura dominical del Evangelio que se hace en el momento señalado por la liturgia de la misa, aunque ciertas aplicaciones son traídas por los pelos.

Por bastantes reflexiones que hay en el libro, es evidente lo que el autor dice de sí mismo: “Mis preferencias están en el mundo de las parábolas y mis recelos se centran en la gran teología metafísica que me parece mal fundada y estéril”. Esto forma parte de su éxito, puesto que conseguía reunir hasta trescientas personas cada semana para seguir sus reflexiones, lo que, sin duda, es  todo un acontecimiento.

La segunda parte del libro sigue el evangelio de Marcos, con los mismos trazos que lo ha hecho con Mateo. Sin embargo, son otros textos porque, salvo excepciones no vuelve a repetir los pasajes paralelos. Puede resultar sorprendente que un sacerdote católico diga con relación a  la eucaristía que todos son signos: “Y nunca nada de magia, de misterio para iniciados, de sacerdocio de interposición…” ¿Cómo debemos entender sus palabras sin sacarlas de contexto?

Aparte de su relación con la misa, este libro puede ser útil para las devociones privadas de muchos católicos, ya que les pondrá en contacto directamente con dos evangelios y será una manera de reflexionar sobre ellos.

Pedro Puigvert

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