Introducción a los libros de Sabiduría y Job

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comentario_mErnesto Trenchard.
Centro Evangélico de Formación Bíblica (C.E.F.B.), 2015, 144 pp.

El prólogo es obra de José M. Martínez, el cual colaboró con Trenchard en varios ministerios y uno de ellos fue el literario. Este libro es una nueva edición del que se  publicó en 1972 y los editores han querido dejar el mismo preámbulo de la edición anterior. Esta introducción a los libros de sabiduría es una obra póstuma del autor, el cual dejó antes de partir a la presencia del Señor varios libros terminados o a punto de terminar, como el que nos ocupa.

La estructura está formada por once capítulos, los dos primeros dedicados a los géneros literarios del AT y al origen de la literatura de sabiduría. Del capítulo 3 hasta el final es una exposición del libro de Job. En el primer capítulo destaca el punto consagrado  a la forma poética de los libros de sabiduría. Conocer este fenómeno sigue siendo de actualidad, porque a veces tenemos la impresión que muchos  predicadores, cuando exponen una porción poética, ya sea un salmo o de un libro escrito en poesía, no lo tienen en cuenta. La mayoría de creyentes han oído en alguna ocasión que la forma poética por excelencia es el paralelismo, del que hay varios tipos. Además, debe conocer la existencia del lenguaje figurado que es el más apropiado para expresarse poéticamente. Sin embargo, cuando hablamos de poesía hebrea, hemos de pensar que  es diametralmente opuesta a la occidental, ya que no tiene rima. Todo esto se ejemplifica en el libro para que el lector pueda entenderlo sin mucho esfuerzo.

El profesor W.J. Martin ha expresado lo que es la poesía hebrea de esta manera tan poética: “El genio de la poesía hebrea se revela sobre todo por sus figuras poéticas. Aprovecha cuanto hay en el cielo y en la tierra y roba la música de las estrellas matutinas… Su verano eterno no conoce otoño, ni se manchan las nieves virginales. Gobierna el mar encrespado, camina sobre las nubes y cabalga sobre las alas del viento”.  El origen de la literatura sapiencial lo coloca Trenchard en el segundo capítulo, en el hecho de la observación humana en que el pueblo formula de manera concreta lo que ha observado. No ha empezado en la torre de marfil de ningún filósofo y cuando el dicho se pone por escrito, entonces se convierte en literatura. Esto es algo común en  todas las culturas, como lo demuestra la existencia de dichos y refranes que el pueblo repite porque se transmite de generación en generación. Antes que los griegos elaboraran sus celebradas obras, ya se encuentra literatura sapiencial en Egipto y en Mesopotamia. En las Escrituras,  el sabio por excelencia fue Salomón que compuso tres mil proverbios y mil cinco cantares.    De manera breve, en un solo párrafo, resume el contenido de cada uno de los libros de sabiduría destacando el de Cantares: “es un libro muy discutido, pero si dejamos a un lado las gazmoñerías desfasadas, y entendemos el libro como un canto al puro amor humano, antes de lanzarnos a interpretaciones alegóricas que muchas veces deben más a la imaginación que a la sana exégesis, comprenderemos que ocupa un lugar necesario en el maravilloso conjunto inspirado de la Biblia”. ¡Qué bueno sería que los “orígenes” de turno hicieran caso de estas palabras!

Como hemos señalado más arriba, a partir del capítulo tercero empieza el comentario al libro de Job, el cual después de una excelente introducción, examina el texto a base de porciones más o menos extensas que como es obvio, por el número de páginas de este libro, no son exhaustivas. Sin embargo, al principio de cada capítulo del libro se hace una breve introducción  que se desarrolla después en el comentario al texto. Las divisiones son muy apropiadas como bosquejos para ser usadas por los estudiantes y los predicadores. Al final de cada capítulo de esta obra hay un cuestionario que puede ser usado para grupos de estudio bíblico, aunque nos hubiera gustado que hubiera algunas preguntas más.

Un peligro al que se enfrenta todo exegeta del AT., es el de interpretarlo con los ojos del NT. Hay un versículo, Job 19:25, que sobre todo en la predicación de los funerales, se incurre en lo que J.M.  Martínez llama “una exégesis teñida con los tintes gloriosos del NT”  que se toma erróneamente como si fuera profecía y se interpreta fuera de contexto. Con muy buen criterio Trenchard explica que en lugar de “Redentor”, la traducción más correcta, es “Vindicador”. Pero,  ¿quién es este vindicador? Es Dios, y aquí el autor ha introducido un matiz que no se halla en el texto: se trata de Dios el Hijo. La BJ y la  VP, han traducido: Yo sé que mi defensor vive. Es cierto que la palabra que ha sido traducida en la mayoría de versiones por “redentor” es Go’el, como expone el autor con referencia al pariente  cercano que debía cumplir su función de rescate familiar. Pero debemos interpretar el significado del término en el contexto de Job y no en la sublimación de la frase que hacen muchos creyentes como si Job expresara su fe en Cristo.

Cuando llegamos a Job 27, Trenchard, manifiesta que todo el discurso es del patriarca, como también el cántico a la sabiduría del capítulo siguiente. Sin embargo, pensamos que hay dificultades en el texto que deberían haberse expuesto y no salir al paso de ellas con la breve frase “aparentemente Zofar renunció a su respuesta de turno” y no dejar de comentar los vv. 13-23. Aunque este no es el lugar para una amplia discusión sobre el asunto, debemos decir que si bien el nombre no aparece en el texto hebreo, muchos comentaristas coinciden en que 27:13-23 debe atribuirse a Zofar, entre ellos José M. Martínez, y en las versiones actuales de la Biblia, incluso se coloca su nombre como epígrafe o se explica en nota a pie de página (cf. NVI, DHH, BJ, BIC). Asimismo, el cap. 28 se entiende mejor como un poema a la sabiduría entre la respuesta de Zofar  y la reanudación del discurso de Job del cap. 29 y no como un discurso de Job. El orden es además lógico: Job reasume su discurso /27:1-12), responde Zofar (27:13-23), sigue un paréntesis, con el poema a la sabiduría (28:1-28) y Job vuelve a reanudar su discurso que había dejado en 27:12, en 29:1 hasta 31:40.

De la manera que este comentario ha servido de instrucción a muchos creyentes desde su origen, puede todavía hoy continuar con su función para las nuevas generaciones que se adhieren a la Iglesia, porque aparte de las cuestiones literarias  y exegéticas, el lector encontrará también aliento y alimento espiritual para su vida.

Pedro Puigvert

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