El ministerio en llamas

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ministerioPedro Gelabert.
Bibliasfera, 2016, 136 pp.

 

Fiel a su estilo irónico, con el que se pueden decir cosas muy serias, Pedro Gelabert nos obsequia con un nuevo libro, esta vez sobre la entrega en el ministerio cristiano en el que muchos siervos de Dios se han quemado o están quemándose. Como dice el editor, su hijo Jonathan, este no es un libro de autoayuda, sino que siguiendo la especialidad del autor, le da la vuelta al tema como él mismo dice en la introducción.  A Pedro Gelabert le gusta jugar con las palabras, es un maestro en sacarles punta, como hace en este libro, en donde no solo usa metafóricamente el término quemarse, sino que le rodea de otras figuras relacionadas, como llama, cenizas, fuego, ignición e incendio, y para que no haya duda las escribe en cursiva. Con toda claridad expresa el objetivo de este libro: “me propongo trastocar el concepto negativo sobre quemarse en el ministerio, mostrando que quemarse es lo mejor que nos puede pasar a los siervos de Dios”.  Genio y figura.

El origen de este libro es una invitación que el autor recibió para hablar en un encuentro de pastores y otros líderes sobre “Cómo servir en el liderazgo sin quemarse”. Cuando un siervo de Dios se refiere a sí mismo como “quemado”, ¿está diciendo que está cansado físicamente, desmoralizado anímicamente, en horas bajas espiritualmente o como expresa Gelabert las tres cosas a la vez? Pedro, excepcional en todo, coloca su curriculum, vitae al final del libro y no en alguna cubierta donde suele ir, que él llama “acerca de mí”. Nació un año antes de empezar la guerra incivil española. De niño creció apasionándose por los tebeos que leía ávidamente los domingos en la parada que un tío-abuelo suyo tenía en el mercado de Sant Antoni. ¿Qué tenía este Mercado? En él, José Grau compró una biblia que fue el medio por el que conoció a Cristo. Luego vino la etapa de las novelas juveniles. Pero en su adolescencia no siguió por el camino de las letras, sino que estudió en la Escuela de Artes y Oficios, aunque después de abandonar sus estudios artísticos empezó a devorar libros, facilitados por su mentor Ernesto Trenchard. Se define a sí mismo como autodidacta, pero tuvo el privilegio de estar al lado de D. Ernesto, el misionero inglés, “con el que aprendió a estudiar desde la responsabilidad de conocer lo mejor posible y de primera mano cuantas cosas mejor”. Pedro Gelabert tiene un buen número de obras publicadas y otras en preparación.

El libro está compuesto de ocho capítulos y dos anexos.   El primero es realmente excepcional, ya que trata algunas causas habituales para quemarse en que Pedro, buen conocedor del tema por experiencia, da en el clavo al señalar algunos motivos. El segundo trata de la distinción entre las llamas y el fuego, si son de arriba o de abajo. Cuando se refiere a los fuegos artificiales, expresa una preocupación personal: “me temo que en demasiados lugares de nuestro pueblo se va entendiendo el culto cada vez más como un tiempo y un espacio para <pasárselo bien>; y lo suficientemente breve para que nadie se aburra”. Esta frase sintoniza con la de Spurgeon cuando decía que “el culto es para alimentar a las ovejas y no para distraer a las cabras”. Los capítulos 3 al 6 están consagrados a los siervos que experimentaron el fuego de Dios: Isaías, Jeremías, Juan el Bautista, el apóstol Pablo y el Siervo de los siervos, Jesús. El capítulo 7 es la aplicación de un ministerio en llamas, porque subraya el privilegio de que el fuego del Espíritu que mora en nosotros hace viable quemarnos en el ministerio. Aquí no hay comentario, solo textos bíblicos para confirmar su concepción del ministerio en llamas que destacará en la reflexión final. El primer anexo trata sobre el descanso y el segundo es un paseo por algunos textos que inciden en las experiencias de algunos siervos de Dios y mencionan el fuego o las llamas.

Un libro magnífico cuya lectura recomendamos tanto a los siervos de Dios en activo, estén o no quemándose, como a aquellos que aspiran a tener un ministerio en llamas. Felicitamos a la editorial Bibliafera, por la cuidada y esmerada presentación tanto externa como interna, con una letra muy legible, lo que se agradece e invita a la lectura.

Pedro Puigvert

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