Diccionario del Antiguo Testamento – Históricos

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historicosBill T, Arnold y H.G.M- Williamson.
Editorial CLIE, Viladecavalls, Barcelona 2014. 1106 págs.

El que tengan una garantía, en el original inglés, de una de las más serias editoriales que hay en el mundo evangélico actual, como es Inter Varsity, y constatar que la traducción está actualizada en el idioma de Cervantes, -ejemplo: Involucramiento, que es una de las «nuevas entradas» en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua,- nos anima a dar una buena acogida entre las obras de consulta y estudio de este monumental trabajo.

El estudio que contiene este volumen, los libros históricos, tienen sus inconvenientes a la hora de hacer las consultas, y así lo expresan los editores.

«Este tomo viene a ocupar su lugar en la sólida serie de diccionarios de IVP que ha demostrado ser de tanta utilidad para los estudiantes de la Biblia a todos los niveles. Esperamos que el presente volumen sea considerado igualmente valioso.

Existen, sin embargo, algunos problemas específicos que surgen al abordar el estudio de los Libros Históricos del Antiguo Testamento, así que deberíamos dejar clara nuestra posición al respecto ante los lectores potenciales.

En primer lugar, y aquí probablemente en mayor medida que en ningún otro lugar de la Biblia, es necesario tener claro que historia es una palabra multifacética y que significa distintas cosas para distintas personas. La distinción más evidente es entre historia como lo que realmente sucedió en el pasado e historia como registro histórico de ese pasado. Si bien ambos significados naturalmente se solapan, también está muy claro que no son lo mismo. Ningún registro del pasado podría aspirar a ser totalmente exhaustivo, por ejemplo, de modo que cualquier relato escrito deberá ser obligatoriamente selectivo en aquello que decide incluir. Además, el registro puede haberse escrito con uno o más propósitos en mente, de los muchos posibles, y esto también va a afectar la presentación.

En este diccionario hemos intentado tener presentes ambos aspectos, y esperamos que nuestros lectores hagan lo mismo al enfrentarse a cada una de las entradas. Así, por ejemplo, por un lado hay un número importante de artículos que ofrecen la mejor aproximación que los autores pueden lograr a una reconstrucción científica de la historia pasada de Israel en las diversas fases de su existencia, desde Josué has Nehemías. Para ello es necesario utilizar muchas fuentes además de la Biblia, así que a menudo, como cabría esperar, la reconstrucción quede que ofrezca una sensación muy distinta del relato bíblico tomado por sí solo. Por otra parte, las entradas sobre los libros en sí suelen tender a centrarse más en los temas literarios y teológicos, y menos en los acontecimientos históricos a los que se refieren para transmitir su mensaje. Ambos enfoques son legítimos y necesarios para una comprensión plena de esta parte de la Biblia, y esperamos haber encontrado el punto de equilibrio que haga posible que los lectores dispongan de todos los recursos que necesiten para responder a las distintas preguntas que se plantearán al leer el texto.

Segundo, no es ningún  secreto que en algunos casos (especialmente en lo relativo al período premonárquico y a la época de la monarquía unida) existe en la actualidad un feroz debate académico sobre si la sima que hay entre la historia como registro del pasado y el material bíblico relacionado con él es tan grande o no como para resultar infranqueable. Sobre este particular hemos tenido que adoptar una línea editorial clara y firme que haga justicia tanto a nuestros autores como a los textos. Hemos permitido naturalmente que nuestros colaboradores gozaran de completa libertad para expresar sus propias opiniones pero al propio tiempo hemos insistido que se resumieran todos los puntos de vista, fueran estos más conservadores o más radicales, de una manera imparcial.

Por último, los Libros Históricos del Antiguo Testamento contienen tantos nombres de personas y lugares que un diccionario bíblico se enfrenta al peligro de convertirse en poco más que una lista de entradas que añaden poco, o nada, a lo que ya podría saberse mediante una lectura directa del texto. Para superar esta dificultad, y en línea con la política adoptada para los anteriores diccionarios de esta serie, hemos limitado nuestra selección de entradas a aquellos temas que requieren de una evaluación más amplia. Al mismo tiempo, hemos tratado de tomar muchos asuntos que por separado se habrían hecho acreedores de entradas muy breves y los hemos agrupado por temas coherentes, (v.g., familia de David; dinastía de Omri). En este sentido, nos ha sorprendido gratamente ver con cuánta frecuencia esta política ha dado como resultado nuevas percepciones que no hubieran aparecido si cada miembro de la familia o cada rey de la dinastía, se hubiera tratado de manera independiente. Del mismo modo, la importante entrada sobre «Dios», que reúne en un solo artículo el tratamiento de los múltiples nombres divinos, apelativos y atributos, ha dado origen a un debate teológico mucho más rico de lo que hubiera sido el caso si se hubieran tomado cada uno de ellos de manera aislada. Esta política convirtió la propia lista inicial de entradas en una tarea exigente e intelectualmente estimulante, y sólo nos resta confiar en que nuestros lectores no discrepen demasiado de la elección de temas que fueron finalmente seleccionados para su inclusión o descarte, según el caso.»

E.V. Giró – Barcelona

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