La oración

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oracionJohn Bunyan y Thomas Goodwin.
El Estandarte de la Verdad, Edimburgo, Inglaterra, 2012. 142 págs.

Esta obra está compuesta por dos partes principales, de la pluma de dos de los más eminentes puritanos: La oración por John Bunyan (1628-88), y La respuesta a la oración por Thomas Goodwin (1600-79); y contiene un apéndice para informar, sucintamente, sobre el término «puritanos» y sobre los autores.

 l conocido autor del libro cristiano más traducido y editado en todo el mundo, EL PEREGRINO, escribió esta obra magna en la prisión, donde fue llevado por no aceptar, el impuesto, Libro de Oración Común, al que objetaba en todos los aspectos, lo cual explica en su libro titulado «Discursos con respecto a la oración» de la siguiente manera: «Una idea correcta del pecado y de la ira de Dios, y un poco de estímulo por parte del Señor para que nos acerquemos a él, son un mejor Libro de Oración Común que la noción que se pueda obtener del Misal de los papistas, el cual no se compone más que de retazos y fragmentos de algunos papas, frailes y no sé cuántas cosas más. Pero ahí tenemos a los sabios de nuestro tiempo, que son tan expertos que conocen a pie juntillas tanto los temas de sus oraciones como la forma en que estas se deberían hacer; estableciendo una oración para tal y tal día veinte años antes de que se pronuncie la misma: una para la Navidad, otra para la Pascua y otras para los seis días posteriores a esta. También han limitado la cantidad de sílabas en cada una de ellas cuando se hacen en público. Las tienen preparadas para todos los santos del Santoral, hasta para aquellos que aún no han nacido. Y también te explican cuándo debes arrodillarte y cuándo ponerte de pie; las ocasiones en que has de permanecer sentado, cuándo debes pasar al altar y lo que debes hacer una vez que estés allí. Al parecer, los apóstoles se quedaron cortos con respecto a estas cosas, no siendo capaces de idear unas formas de proceder tan profundas». Esto nos da una idea de por qué pasó doce años en prisión.

Para su sección de este libro que comentamos nos hace una interesante introducción: «LA ORACIÓN es un medio de gracia de Dios para su utilización tanto pública como privada: más aún, es un medio de gracia que pone a los que tienen el espíritu de súplica en estrecha relación con él; y es asimismo de efectos tan notables que obtiene grandes cosas de Dios, tanto para la persona que ora como para aquellos por quienes ora. Abre, por así decirlo, el corazón de Dios, y por medio de ella, el alma, aun estando vacía, se llena. Por la oración, el cristiano puede, también, abrir su corazón a Dios como lo haría con un amigo, y obtener de él un renovado testimonio de su amistad. Muchas palabras podría emplear aquí para hacer distinción entre la oración pública y privada; como también entre la del corazón y la de los labios. Asimismo podría decirse algo para establecer una diferencia entre los dones y las gracias en la oración; pero, dejando aparte este método, por esta vez habré de ocuparme solamente en mostrarte el alma de la oración, sin la cual toda elevación de manos, de ojos, o de palabras, carecería totalmente de propósito. El método que me propongo seguir en esta ocasión será: 1. Mostrar lo que es la verdadera oración. 2. Mostrar lo que es orar en el espíritu. 3. Lo que es orar con el Espíritu y con entendimiento. 4. Y, finalmente, extraer una breve conclusión de lo tratado». Y termina su aplicación, así: «Concluiré este tratado con los siguientes consejos para el pueblo de Dios: 1.- Cree que, tan cierto como que estás en los caminos de Dios, encontrarás tentaciones. 2.- Espéralas, pues, desde el primer día de tu entrada en la congregación de Cristo. 3.- Cuando lleguen, ruega a Dios que te guíe y ayude a pasarlas. 4.- Vigila cuidadosamente tu propio corazón; que no te engañe en contra de las pruebas del Cielo, ni en tu andar con Dios en este mundo. 5.- No te fíes de las lisonjas de los falsos hermanos. 6.- No te apartes de la vida y el poder de la verdad. 7.- Mira mayormente las cosas que no se ven. 8.- Desconfía de los pecados pequeños. 9.- Que la promesa no se enfríe en tu corazón. 10.- Renueva tu actitud de fe en la sangre de Cristo. 11.- Medita en la obra de tu regeneración. 12.- No renuncies a correr con los que van en cabeza en la carrera».

Thomas Goodwin – de quien tenemos en castellano uno de sus importantes textos: EL CORAZÓN DE CRISTO. Editorial Peregrino-, en la segunda parte nos orienta de sus subsecciones, así: «Introducción: Escucharé lo que hablará Jehová Dios: porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura. (Salmo 85:8). 1.- Un deber del pueblo de Dios cuando ora. El pueblo de Dios ha de observar con diligencia la respuesta de Dios a sus oraciones. Se exponen las razones que existen para ello. 2.- Orar por la Iglesia. En cuanto a las oraciones por la iglesia, y por el cumplimiento de las promesas que pueden realizarse en épocas venideras. 3.- Orar por los demás. Oraciones hechas en favor de otros. La respuesta de Dios a las mismas. 4.- Orar juntamente con otros. Respecto a oraciones en que otros oran juntamente con nosotros. Cómo discernir en tal caso la influencia de nuestras propias oraciones. 5.- Admoniciones generales. Instrucciones generales en todos los casos y oraciones. Observaciones que se deben tener en cuenta antes de orar y durante la oración. 6.- Cómo observar las respuestas a la oración. Algunas observaciones en cuanto al resultado de la oración. La cuestión de si se debe a las oraciones o a la providencia común. Reflexiones útiles a este respecto. 7.- La oración sin respuesta. La respuesta a la oración cuando lo que se ha suplicado no se cumple. Algunas consideraciones para tranquilizar el corazón y ayudar al discernimiento. 8.- Aplicación: Exhortación y reprensión. Aplicación de lo que se ha considerado, con una reprensión para los que oran mas no observan la respuesta a sus oraciones. Causas de tal negligencia«. Y la concluye con esta aclaración: «Sepamos que no son tanto los pecados pasados los que estorban las oraciones del pueblo de Dios, sino la actual ineptitud y la poca disposición de sus corazones para recibir la respuesta».

E.V. Giró – Barcelona

 

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