Spurgeon y sus controversias

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spurgeon-y-sus-controversiasIain Murray.
El Estandarte de la Verdad, Edimburgo, Inglaterra, 2912. 326 págs.

En la composición de este libro tenemos dos partes netamente diferenciadas y aún alejadas en el tiempo, que justifican el título del mismo: 1ª Parte: SPURGEON: UN PRINCIPE OLVIDADO. 2ª Parte: SPURGEON Y EL HIPERCALVINISMO.

Una curiosidad. La primera parte: SPURGEON: un príncipe olvidado., se publicó antes, como libro, en español que en inglés; sus dos divisiones: La persona de Spurgeon, apareció en el número 25 (marzo de 1962), y la posición doctrinal de Spurgeon, en el extraordinario de febrero de 1963 (números 28 y 29) en la revista The Banner of Truth, y se tradujeron al español e imprimieron en 1964; la 1ª edición en inglés es de 1966. El autor nos relata como nacieron las dos partes de este libro. «Tras un silencio de cerca de treinta años deseo expresar en estas páginas mi profunda alegría por poder escribir algo más acerca de Charles Haddon Spurgeon. En noviembre de 1961 se me pidió que hablara acerca de Spurgeon en Sheffield. Esta conferencia dio lugar a algunos artículos en The Banner of Truth y, finalmente, a The Forgotten Spurgeon (primera parte de la presente obra). Este libro ha nacido de una forma similar. En mayo de 1995 recibí una invitación para disertar acerca de «La batalla de Spurgeon contra el hipercalvinismo» en la Grace Baptist Assembly (Asamblea Bautista de la Gracia) en Londres. Mientras preparaba la conferencia no tardé en advertir que contaba con más material provechoso del que podía utilizar en una sola charla, y estas páginas son el resultado de aquello.»

Iain Murray es pastor de la bien conocida Grove Chapel de Londres, y fundador y director de El Estandarte de la Verdad, una de las editoriales evangélicas actuales más importantes. «Las dos partes de este libro  abordan controversias muy distintas, aunque exista cierta conexión entre ellas. El arminianismo desecha la enseñanza escrituraria acerca de la soberanía de Dios en la salvación; es decir, que todos los hombres están igualmente condenados bajo el pecado pero, por razones que desconocemos, y para alabanza de su gracia, Dios no trata de la misma forma a cuantos son igualmente indignos. El testimonio de la Escritura debiera resultar inequívoco: Todos los que estaban ordenados para vida eterna (Hch. 13:48). ¿Pero significa la negación del arminianismo que Dios no ame a todos? ¿Que no se deba proclamar a Cristo como el Salvador en quien todos debemos confiar? ¿Implica acaso la particularidad de la gracia que no pueda haber una invitación universal ni un evangelio para toda criatura? El hipercalvinismo, responde afirmativamente a estas preguntas y, al hacerlo, se erige en un considerable obstáculo para la propagación del evangelio. Es motivo de gratitud que, desde joven, Spurgeon se opusiera al pensamiento arminiano y rechazara vigorosamente el hipercalvinismo. Robert Shindler, quien le conocía desde 1855, estuvo en condiciones de afirmar lo siguiente allá por el año 1892: «El Sr. Spurgeon, a pesar de su firme adhesión a todas las verdades relacionadas con la soberanía divina -de las que siempre ha demostrado ser un portavoz enérgico e inflexible-, siempre ha presentado esa otra vertiente del llamamiento que hace el evangelio a todos los que estén dispuestos a escucharlo». En un importante comentario publicado en The Sword and the Trowe, Shindler, que también había sido pastor bautista desde 1850, escribía acerca del efecto producido por la defensa de Spurgeon de la predicación calvinista tal como él la había presenciado desde mediados del siglo XIX. Por aquella época, la propia congregación de Shindler se contaba entre las filas hipercalvinistas, hasta que Spurgeon llegó a New Park Street. «Gracias a la difusión de sus sermones, a que pude llevar a la gente a escucharle cuando predicaba en el vecindario, y a lograr que predicara desde mi propio púlpito, mi congregación, así como otros de fuera de la misma, recibieron una poderosa influencia. Así, la verdad del llamamiento universal del evangelio a los pecadores como tales se aceptó como elementos integrantes del evangelio en muchos círculos de bautistas, de ministros y no ministros; y si no se aceptaba, al menos se toleraba.

Los biógrafos del Sr. Spurgeon apenas han advertido esa parte de su obra; sin embargo, la misma fue de una inmensa importancia y constituyó el cauce de una indecible bendición.» El comentario de Shindler acerca de la forma en que cambiaron los tiempos entre la década de los 50 del XIX y la controversia del Declive que se produjo en los años 80 de ese mismo siglo, supone un recordatorio de que el peligro no siempre proviene del mismo frente. Tal como dijera una vez cierto puritano: «El diablo no permite que el viento del error sople durante mucho tiempo de la misma dirección». Durante los años 60 del siglo XX muchos de nosotros pensábamos que la relevancia duradera de Spurgeon tenía que ver con su testimonio de las convicciones de la libre gracia defendidas por los reformadores y los puritanos en contraposición a la evangelización superficial y carente de doctrina de nuestro tiempo. Treinta años después, ese testimonio se mantiene pertinente y, sin embargo, queda patente que la recuperación del cristianismo doctrinal no es la principal necesidad de nuestro tiempo. Ha habido muchas iglesias en las que se ha producido un crecimiento genuino en el conocimiento, y en todo el mundo ha tenido lugar un resurgimiento de las creencias calvinistas. Por suerte, la palabra «olvidado» es mucho menos aplicable a Spurgeon de lo que era hace cuarenta años; sin embargo, puede que haya llegado el momento en que necesitemos estar más familiarizados con otra vertiente bastante distinta del gran predicador.»

Termina el libro con un capítulo especial: El daño infligido por el hipercalvinismo y el antinomianismo: Testimonio de Spurgeon tomado de un sermón predicado el 11 de diciembre de 1859, del que entresacamos unas frases: «El verdadero ministro de Cristo se siente impelido a predicar toda la verdad, porque ella y solo ella puede satisfacer las necesidades humanas. ¡Qué males ha conocido este mundo por causa de un evangelio distorsionado, manipulado y amoldado al ser humano! ¡Qué perjuicios han ocasionado a las almas de los hombres quienes predican solo una parte y no todo el consejo de Dios! ¡Qué indecibles males puede causar un evangelio distorsionado aun entre las familias cristianas! Si solo me quedo con una parte de la verdad e insisto constantemente en ella a expensas de cualquier otra, no puedo esperar la bendición de mi Señor. Si predico como él desea que predique, Cristo sin duda hará suya la palabra y no la privará nunca de su testimonio vivo. Pero si se me ocurre pensar que puedo mejorar el evangelio, que puedo darle coherencia, que puedo ataviarlo y hacerlo parecer más elegante, descubriré que mi Maestro me ha abandonado y que se ha escrito «Icabod» en las paredes del santuario. Cuántos hay que permanecen cautivos allí por omitirse la invitación del evangelio».

E.V. Giró – Barcelona

 

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