Elegir la vida

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elegirPepa Horno Goicoechea.
Ilustraciones: Pepa Salas Duran. Desclée De Brouwer, Bilbao, 2014. 93 págs.

 Esta es una preciosa colección de relatos vívidos, algo sucintos porque tienen una finalidad concreta, de gran interés para las familias, especialmente de nuestro país. La autora, Pepa Horno Goicoechea es psicóloga y consultora en infancia, afectividad y protección en Espirales Consultoría de Infancia. Especialista en protección infantil, ha trabajado durante más de quince años coordinando campañas estatales e internacionales para la erradicación de la violencia contra los niños y niñas. Imparte formación y asesora programas de intervención en más de treinta países. Es coordinadora de investigaciones en el ámbito de la protección y autora de varios libros sobre desarrollo afectivo y social.

Dejemos que Alejandro Martínez Gómez,  Presidente de la Fundación Acrescere nos cuente qué les inspiró: «Este libro forma parte de la campaña «Ningún menor sin familia», promovida por la Fundación Acrescere, para informar y sensibilizar a la población española acerca de una realidad poco conocida, los miles y miles de niños que viven, años y años, en centros o instituciones de nuestro país. La Fundación tiene por finalidad contribuir a que los menores, niños y adolescentes, que se encuentran bajo la tutela o la guarda de las Comunidades Autónomas, puedan crecer, en lugar de en esos centros, en el seno de una familia que los adopte o acoja, para así desarrollar todas sus potencialidades y capacidades. Como me decía, hace pocos meses, un niño de nueve años que llevaba cuatro años en residencias: «Estoy bien en la resi pero me gustaría más estar en una familia, ¿me puedo ir a vivir contigo a tu casa?».

Las causas por la que tantos niños y niñas permanecen viviendo largos años en instituciones son diversos pero, la principal, es la falta de familias que se ofrezcan para acoger en su seno, temporal o indefinidamente, a estos menores. Hay lista de espera de familias para adoptar a menores pero hay lista de espera de menores que viven en centros esperando familias que les abran sus puertas y les ofrezcan crecer en su seno. En estos últimos años se ha fraguado un consenso social y político sobre la necesidad de mejorar el sistema español de protección de los menores mediante cambios legislativos. Se desea que, como sucede en otros países, los niños en situación de desamparo no tengan que vivir en residencias, ni siquiera en pequeños hogares, sino que puedan disfrutar de una familia, aunque no los unan lazos de sangre con la misma. Pero en España no hay cultura de acogimiento en familia ajena, a diferencia de lo que sucede en los países anglosajones donde el moderno concepto de responsabilidad parental de los padres hacia los hijos sustituye al de patria potestad y ello facilita que, al plantear un acogimiento, se prime el interés superior de los niños y se piense en que el tiempo que están en la familia es para su bien. No esperamos que después de leer este libro vayas directamente a ofrecerte para acoger a un menor pero sí que pienses en si podrías hacerlo. Y, sobre todo, que hables de esta realidad a tus amigos y conocidos para que algún día, no muy lejano, todos los niños que residen en España puedan vivir en familia.»

La autora escribe un prólogo para decirnos: «Comencé a escribir estas páginas con una única preocupación: ser capaz de hacer justicia a lo que había visto, escuchado, sentido y vivido durante el tiempo compartido con las familias. Ellas son las auténticas protagonistas de este libro. No solo porque me abrieron sus hogares y sus corazones con una generosidad y una honestidad muy poco común, sino porque al hacerlo, mi mirada asombrada y enternecida fue testigo de historias de amor tan diversas como conmovedoras. Porque este libro habla de eso, del amor, de dar una oportunidad de vida a quien no la tiene, de crecer como persona, como familia y como comunidad. Y de los miedos y riesgos que todo eso implica. Al final del libro, en el apartado de conclusiones, me he permitido hacer un resumen de algunas claves que me han enseñado las familias protagonistas de este libro y sobre todo los niños y niñas a los que acogieron.

Antes de concluir esta introducción que explica el proceso y el por qué de este libro, es importante reconocer algo que le expliqué a cada una de las familias al empezar las entrevistas. Este proyecto me toca en lo personal tanto como en lo profesional. Soy psicóloga y llevo más de quince años trabajando en temas de protección, pero también soy madre de un niño adoptado que ahora tiene siete años, que por cuestiones administrativas tuve en acogimiento durante un año mientras se formalizaba jurídicamente la adopción. Escribir la historia de Carlos, de María o de Teresa es también en parte escribir la historia de mi hijo. Y espero estar siendo capaz de darle a él el mismo amor que las familias protagonistas de este libro les han dado a ellos».

Este libro recoge los testimonios de seis familias acogedoras. Hablan del amor, de dar oportunidad de vida a quien no la tiene y de crecer como personas y como familias. Y de los miedos y riesgos que todo eso implica. Son historias de amor, a veces radiantes, a veces dolorosas. Historias de familias que se han sentido muy acompañadas por las instituciones, y de otras que no tanto. Historias de familias que han repetido el acogimiento y familias que no. Historias de vida y amor tal cual ellos las han vivido. El objetivo de este libro era doble. Por un lado promover el acogimiento familiar, y por otro hacerlo dando una visión realista del mismo, no idealizada. Este segundo objetivo creo que se ha cubierto con creces gracias a la honestidad de las familias implicadas. El primero lo dirá el tiempo si se ha logrado a través de las familias e instituciones que lean este libro. El acogimiento familiar es una oportunidad de vida para quienes lo viven. Para los niños y niñas, sus familias de origen y sus familias acogedoras. Pero no olvidemos que todos los implicados pueden elegir tomar o rechazar esa oportunidad. Ese es el riesgo. Esa es la aventura: elegir la vida.

Si la familia acogedora es cristiana, puede transmitir unos valores, ricos para el vivir en este presente tan complicado, y para el más allá.

                                                                                                                                               E.V. Giró – Barcelona

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