Cristianismo, lo mínimo de lo mínimo

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cristianismoLeonardo BOFF
Editorial Trotta, 2013, 113 pp.

El teólogo Boff es sobradamente conocido y no necesita presentación. Sus libros, que abarcan temáticas diferentes, tienen dos polos centrales: la teología y la ecología. En este libro, nos encontramos con ambas y podríamos añadir otra: el apocalipticismo, aunque sea en metáfora. Confiesa Boff que esta obra es fruto de cincuenta años de reflexión teológica y “trata de expresar lo mínimo de lo mínimo o a identificar el máximo de lo mínimo del cristianismo para que pueda ser comprendido por aquellas personas que se sientan interesadas y atraídas por el mensaje cristiano”.  Se plantea una pregunta que califica de sencilla y lo hace desde la perspectiva del evolucionismo y como no puede ser otra manera a lo largo del libro se observa su perspectiva de las cosas desde la teología de la liberación: ¿”Cómo se inserta el cristianismo dentro del proceso evolutivo del universo que ya tiene por lo menos 13.700 millones de años”? (Cómo decía aquel, año arriba o año abajo,  más o menos).  Y a partir de ahí empieza a desarrollar lo que es la primera parte de la obra en que “todo es Misterio y todo puede hacerse portador de Misterio”. ¿Qué es o quién es ese Misterio? El lector ya lo habrá adivinado, es Cristo, con un énfasis especial en su comunión íntima como Trinidad. Así presenta el cristianismo en relación con el Misterio fontal (de fuente) en cuatro capítulos en los que trata los siguientes temas: 1) el cristianismo en su relación con la Santa Trinidad y con cada una de las divinas Personas, 2) El cristianismo en conexión con la figura de Jesús como el Hijo del Padre que se encarnó; 3) el cristianismo en la historia que siguió a la ejecución de Jesús y a su resurrección personal; 4) el cristianismo en la historia de hoy día en la fase planetaria de la humanidad.

En el primer capítulo, en donde expone lo que entiende por cristianismo y Misterio, el enfoque es filosófico y se hace patente su adscripción  a la teoría de la evolución aunque expresada a su modo. Si muchos no creen en que Dios es el Creador de todas las cosas, mucho más difícil es creer en la formación de universo contada por el autor en lo que llama “la gran explosión silenciosa”, y su descripción de la Energía de Fondo del Misterio sin ser el Misterio. Veamos una muestra de su complicadísima o fantasiosa exposición del origen del universo contraponiéndola nosotros con la sencillez de Gn. 1.1: En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Dice: “De repente, sin que se pueda saber por qué se infló al tamaño de un átomo (se refiere al punto de la Energía de Fondo) y momentos después, al tamaño de una manzana, Y entonces explotó. Ocurrió la singularidad del big bang. Explotó, pero fue un estruendo silencioso, pues todavía no había espacio ni tiempo para resonar. Pero dejó una radiación tan intensa que puede ser sentida hasta el día de hoy por la llamada <radiación de fondo>, pequeña vibración que incesantemente nos viene de todas partes del universo. Midiendo la luz roja de las estrellas más distantes se llega a la conclusión de que el tal big bang llameante habría ocurrido hace 13.700 millones de años; esa es la edad del universo y, como nosotros somos parte de él, es también nuestra propia edad”.

Nos ayudará a la comprensión del pensamiento de Boff, algunas frases con las que expone lo que podríamos llamar su Jesulogía, que no es otra cosa que simple antropología evolucionista: “Como los demás seres humanos, Jesús es un animal, de la clase de los mamíferos, del orden de los primates, de la familia de los homínidos, del género homo, de la especie sapiens y demens”. Dice además que es hijo de la historia de la humanidad, hijo de Miriam, adoptado por su esposo José. Curiosamente, tan crítico él en otros asuntos, acepta sin pestañear  la falsedad católica, que para salvar el dogma de la perpetua virginidad de María, se han inventado que José era viudo y que los hermanos de Jesús eran en realidad hijos de un  primer matrimonio. Según sus propias palabras “encontró a una muchacha joven con señales de gravidez (…) compadecido la llevó a su casa para evitar los rumores”. Cuando leemos los evangelios (Mateo y Lucas) vemos como sucedió todo y hace falta echarle imaginación, por no decir otra cosa, para idear la fábula de los hermanastros. Ya sabemos que usan también otros argumentos que son igualmente erróneos. El perfil de Jesús que traza Boff es el de un hombre sostenido por el Espíritu y que después de su ejecución, los seguidores van elaborando una figura en que le atribuyen los títulos más elevados convirtiéndolo en un ser divino, construyendo una cristología a costa de la jesulogía.

Aunque lo expresa como posibilidad y metáfora, imagina cómo será el fin de la civilización humana. El meteoro Apophis se dirige a la tierra y “dentro de un espacio muy corto de tiempo, el asteroide se precipitará incandescente, en la atmósfera terrestre. Las consecuencias son imprevisibles, pero de todas formas devastadoras y aterradoras. Podemos ser destruidos todos y hacerse imposible nuestras supervivencia en la Tierra”. Pero Dios va a intervenir y va aprovechar este hecho para inaugurar su reino eterno con el nuevo cielo y la nueva Tierra. Mezcla la fantasía con la enseñanza bíblica, un cóctel peligroso.

El mejor capítulo del libro es sin duda el que lleva por título “Cristianismo e Historia” en que se muestra muy crítico con el catolicismo y especialmente con la institución papal. Sobre el protestantismo considera el fenómeno de las iglesias pentecostales y carismáticas, aunque también incluye a las católicas de esta tendencia. Alaba su creatividad y alegría en las comunidades, pero las critica por “mostrarse poco sensibles a los conflictos históricos, al tema de la justicia social y al de la liberación concreta de los oprimidos”. Y escribe una frase antológica: “En ellas prevalece un exceso de <Padre nuestro> en detrimento del <pan nuestro>, unidad querida por Jesús en su sueño del Reino”. Y en el punto 6 de este capítulo contrapone dos actitudes, la de Jesús y la de la iglesia católica romana, en relación al poder. En la subdivisión 4.14 traza un recorrido por la historia del papado, en que al lado de personajes  virtuosos ha habido otros de indignos. Incluso se refiere a lo que el cardenal Baronius (s. XVI), dijo sobre la era del papado  que él llamó pornocrática que va desde el año 900 hasta después del 1000. Esta parte  histórica es impepinable, pero no concordamos con en su visión del cristianismo en versión popular y pone como ejemplo a Italia y España. Para ceñirnos a nuestro país diremos que el tal no es cristianismo, sino marianismo, no solo por el cambio del logos la palabra) al pathos (los sentimientos), sino porque se ha convertido en folklórico, supersticioso y mundano. Concluye esta parte histórica con una descripción de las grandes figuras del cristianismo en los veinte siglos de existencia, que han destacado en el campo de la música, el arte pictórico y plástico, la literatura, la ciencia, el cine, la predicación del Evangelio y los misioneros. En la categoría de los predicadores coloca a los reformadores protestantes y otros evangélicos.

Termina el libro como lo empezó, con el Misterio. Y lo hace con estas palabras:”Et tunc erit finis. Y entonces será el fin; fin como término de todo el proceso evolutivo rumbo al Misterio, fin como objetivo alcanzado después de una tormentosa y milmilenaria ascensión, interiorización  y externalización; y fin como culminación de todas las cosas en el reino de la Trinidad”.

Pedro Puigvert

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