Jesús de Nazaret Qué quiso, quién fue

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Gerhard Lohfink.
Editorial Herder. 2013. 604 pp.

Tiene razón el autor cuando dice que “se han escrito innumerables libros sobre Jesús”. Y que algunos son muy buenos y otros muy malos. En la solapa de la cara interna de la contraportada, la editorial menciona 5 libros, 3 de ellos son sobre Jesús. ¿Qué tiene de particular este libro que le diferencie de los miles  de volúmenes que se han escrito y se siguen escribiendo sobre Jesús? La investigación del autor sobre Jesús se ha hecho a partir de la crítica histórica, aunque esto no es una novedad en el ámbito de la erudición. Lo que sí distingue la exposición que se hace de Jesús en este libro del que es presentado hoy por algunos teólogos, como hemos dado fe en estas páginas  con la reseña de algunos libros, es que se pueden poner en la estantería de los malos para seguir con la frase de Lohfink, ya que en la actualidad se destaca la figura del hijo del carpintero, un profeta, un hombre de excepcionales cualidades, un revolucionario social, un terapeuta que hacía milagros, un trabajador social o hasta un rabí fracasado. En suma, un hombre cualquiera muy carismático y poco más, que fue “divinizado” por las comunidades primitivas. Pero, el autor se  niega en participar de estos criterios porque dice “que han sido asumidos en contra del conocimiento de los primeros testigos y transmisores”. Y que diga eso alguien que ha sido profesor de Exégesis del NT en la Facultad de Teología de la Universidad de Tubinga, nos hace abrigar esperanzas sobre el contenido, pues es bien sabido que dicha Facultad  es desde el siglo XIX un bastión del liberalismo teológico.

Esta obra  consta de 21 capítulos que con toda razón puede considerarse una cristología casi completa. Parte del “llamado Jesús histórico” y se pregunta “¿por qué los cristianos no se conforman sencillamente con los evangelios?” Podemos asegurarle que muchos cristianos sí no conformamos con los evangelios o dicho de otro modo con las Sagradas Escrituras, porque en relación a la exposición de Jesús a los discípulos que iban a Emaús, todas las Escrituras hablan de Jesús. Las pinceladas que da sobre la interpretación comunitaria de la historia de Jesús pueden extenderse a toda la palabra de Dios. Interesantes también los capítulos dedicados al reino de Dios en donde hace un análisis filológico del término basiliea y su relación con la escatología. Pero en algunos capítulos va más allá de la cristología y entra en el espacio de la eclesiología bajo el concepto de pueblo de Dios, pero lo relaciona muy bien con Jesús, por ejemplo en la elección de los doce. Como exegeta del NT, se interesa por el análisis filológico, como por ejemplo cuando trata sobre el seguimiento de Jesús por los discípulos: menciona que el término seguir aparece unas ochenta veces en los evangelios, pero  nunca como sustantivo (akolouthesis), sino solo como verbo (akolouthein) y eso significa que el seguimiento no es abstracto, sino un acontecimiento concreto, en el sentido de “ir detrás”.

Por este motivo, las parábolas son también una fuente de interés por el lenguaje. Dice: “no es posible hablar de Jesús sin hablar de su lenguaje”. No se refiere en qué idioma habló, sino a su estilo, a su modo de describir en palabras el reino de Dios. Todo esto en relación con las parábolas de Jesús. No solo explica algunas parábolas, sino que también las aplica. En el caso de la parábola del sembrador, dice que es verdad que en principio es la siembra de  la palabra, pero inmediatamente pasa a la siembra de hombres, en la literalidad del texto griego. Interpreta las parábolas en el contexto del reino de Dios.

Otra parte interesante del libro es aquella en que expone los milagros de Jesús, tenidos por muchos como imposibles. Sin embargo, Lohfink aunque se refiere a las explicaciones que se han dado de los milagros, piensa que las narraciones son auténticas ya que se distinguen de aquellas que se han dado en la historia, como las de los taumaturgos. Parece tener cierta reticencia en creer en las resurrecciones hechas por Jesús. Después de presentarnos extensamente la muerte de Cristo, prácticamente en los últimos capítulos se ocupa de lo que llama excelsitud de Jesús a través de los títulos profeta, Mesías e Hijo del Hombre, dejando para el final su divinidad. Sin embargo, cree que Jesús es discreto sobre este punto, porque para el autor las palabras de Jesús en el evangelio de Juan no son suyas pues nunca hubiera usado frases como Jn.10:30 o 14:9. Aceptar sin prejuicios la divinidad de Jesús, todavía no está al alcance de muchos eruditos del pasado y del presente. Si hacemos esta salvedad  y alguna otra, el libro puede servirnos de consulta para ver otros enfoques sobre Jesús de Nazaret. No inserta ninguna bibliografía.

Pedro Puigvert

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