Un judio marginal Nueva visión del Jesús histórico. Tomo V. La autenticidad de las parábolas a examen

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John P. Meier.
Editorial Verbo Divino, 2017, 463 pp.

Forma parte de una serie que lleva por título Un judío marginal. En los volúmenes anteriores, Meier ha ido exponiendo una serie de temas más fáciles para ocuparse en los siguientes de aquellos que entrañan mayor dificultad, como el que nos ocupa. Los libros de esta serie son de erudición académica y no están al alcance de cualquier estudiante, salvo los  que ya tienen conocimientos bíblicos y teológicos avanzados. El título de la serie ya nos debe poner en guardia, porque todo lo nuevo con relación a Jesús puede tener más de visión que de realidad, pues supone la existencia del que llaman el Cristo de la fe, una figura que se contrapone al Jesús histórico fabricada por la comunidad cristiana primitiva mitificando su persona. Es de alabar el deseo del autor por su búsqueda del Jesús histórico, pero muchas veces el modo de proceder en la investigación de los evangelios, lo que hace es esconder al Jesús verdadero que hallamos en las Escrituras. En el primer tomo expuso el contexto histórico general, es decir, los antecedentes sociales, culturales, económicos y familiares de Jesús. En el segundo, se ocupaba de Juan el Bautista y del reino de Dios en sus dos dimensiones, presente y futura. El Jesús que salió de dicho volumen, en sus propias palabras “era básicamente un profeta taumaturgo que reflejaba las tradiciones y esperanzas conectadas con el profeta Elías”. En el tercero, trató de obtener una visión panorámica de los principales grupos con los que Jesús se relacionó, tanto de su propio círculo como de sus adversarios. En el cuarto, la exposición giró en torno a le Ley, es decir, la actitud de Jesús con respecto a la Ley; su utilización de parábolas; la manera cómo Jesús fue descrito por él mismo y otros; finalmente, sus últimos días en Jerusalén. En realidad, de estos temas del cuarto tomo solo se ocupó de la ley, porque el del resto, como en el presente tomo, se cuida de las parábolas y eso significa que todavía le quedan por los menos dos tomos más para completar su visión del Jesús histórico.

Meier, nació en Nueva York en 1942; es sacerdote católico y Doctor en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Trabaja como profesor de Nuevo Testamento en el Departamento de Teología de la Universidad de Notre Dame en Indiana (Estados Unidos de América). Esta serie es su obra monumental.

 La numeración de los capítulos sigue un orden a partir del primer tomo, de manera que en este, el primer capítulo es el 37 y el último el 40, o sea, que en realidad solo tiene cuatro capítulos. Sin embargo, aparte del desarrollo de los temas de cada capítulo, al final de ellos hay abundantes notas, por ejemplo, solo  el cap. 37 tiene 73 notas que llenan 21 páginas y el capítulo 40 tiene 177 notas que ocupan 45 páginas. Tiene razón Meier cuando dice: “Lo que la investigación sobre las parábolas nos ha enseñado –o debería haberlo hecho- desde el último siglo es que, una vez separado el dicho parabólico de su contexto redaccional en un evangelio y de su contexto histórico en el ministerio de Jesús, un intérprete habilidoso e imaginativo puede lograr que tenga el sentido que él quiera darle. Especialmente en el caso de las parábolas, resulta válido este viejo adagio: texto sin contexto, pretexto”. Es cierto que cuando un intérprete  alegoriza un texto de la Escritura no hace exégesis, sino eiségesis y las parábolas se prestan muy bien para hacerles decir lo que el mal exegeta quiere que digan.

En el capítulo 37 hace una exposición de siete tesis sobre las parábolas de Jesús a contramoda, que significa que “presentaré mi posición  respecto a las parábolas de Jesús en forma dialéctica, señalando en cada tesis aquello en que difiero de los puntos de vista mantenidos por estudiosos de tales relatos”. Debemos señalar que incluye también las parábolas de Jesús del Evangelio de Tomás, un evangelio apócrifo de origen gnóstico que desde su descubrimiento en 1945 en Nag Hammadi ha sido objeto de una desmedida atención por los eruditos que todavía discuten si es un texto que pertenece a una tradición independiente de los sinópticos o es dependiente. Meier opina que en todos sus análisis, la comparación con los sinópticos le ha llevado a reconocer su carácter secundario. Es significativa su tesis nº 7 que dice que “relativamente pocas parábolas de los evangelios sinópticos pueden atribuirse al Jesús histórico con un buen grado de probabilidad de acierto”. Luego sigue un excurso sobre el problema de la alegoría que todavía es objeto de debate entre los eruditos. La cuestión es que la interpretación de la parábola del sembrador se da en el mismo texto alegorizando su significado. Para Meier dicha interpretación se trata de un desarrollo posterior.

Según su criterio, las parábolas que pueden atribuirse al Jesús histórico son pocas, llegando a la conclusión de que son solamente cuatro a saber: el grano de mostaza; los viñadores perversos; la gran cena y los talentos y las minas. La exposición de cada una de ellas ocupa el capítulo 40. Sospecha que podrían añadirse otras parábolas a la lista, pero no ve la forma de probarlo. Su interpretación de la parábola del grano de mostaza apunta a los comienzos pequeños e insignificantes, del reino en el ministerio de Jesús, aunque es ya un reino que funciona poderosamente, pero la gloria y el poder plenos de este reino no serán perceptibles hasta un tiempo futuro.

El libro termina con un apéndice que contiene la bibliografía introductoria sobre las parábolas de Jesús, dos mapas de Palestina en tiempos de Jesús, un cuadro de la familia de Herodes el Grande y otro de los años de reinado de los emperadores romanos. Además hay un índice de la Escritura y de otros escritos antiguos citados en la obra y otro de autores y de materias. Como hemos señalado más arriba el Jesús de Meier es un judío que ejerció de profeta y de taumaturgo, es decir, un hombre excepcional, pero solamente esto ya que del evangelio de Juan solo hay once referencias, puesto que toda mención a su divinidad está excluida por su creencia que el Jesús histórico es una cosa y el Cristo de la fe una elaboración de la iglesia apostólica que magnificó al Jesús histórico.

 Pedro Puigvert

 

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