Dinàmica de la fe

Paul Tillich.
Pòrtic. 2013, 158 pp.

Forma parte de la colección Clàssics cristians del segle XX, editado por la Facultad de Teología de Catalunya, con el soporte de la Conferencia Episcopal Tarraconense, la Fundación Dr. Albert Bonet y el Departamento de Gobernación y Relaciones Institucionales de la Generalitat de Catalunya. La introducción es obra de Pere Carreras, sacerdote de la diócesis de Girona, director y profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Girona. Más que una introducción al libro  es una biografía de Tillich bastante completa, pues le dedica 33 páginas. En ella menciona sus orígenes y estudios, su participación en la primera guerra mundial como capellán en el ejército alemán (era pastor luterano), su experiencia en EEUU tras huir de Alemania después que el nacismo le secuestrara un libro, siendo el primer profesor alemán que tuvo que emigrar.

Como en el análisis de su teología que hace el profesor Carreras no dice nada al respecto, salvo una brece referencia a la revelación y sin crítica, hemos decidido completarlo con su pensamiento sobre la revelación, además de aportar la siguiente reflexión:

La teología filosófica de Tillich, también podríamos denominarla “teología cultural” porque mientras para Barth la cultura no tiene nada que ver con la fe, para Paul Tillich, su máximo artífice, la cultura forma parte de la materia prima con que el teólogo trabaja y utilizó la filosofía como herramienta importante para relacionar la fe con la experiencia humana. Sin embargo, este teólogo no aceptaba la autoridad de la Biblia como revelación de Dios al hombre. La Biblia, además de encerrar los símbolos del cristianismo, que han de ser interpretados según la filosofía y la cultura de la situación temporal del momento, contiene testimonios humanos de aceptación de la propia identidad finita. La Revelación, según él, no implica conocimiento, sino que es el testimonio de una experiencia extática que admitirá tantos contenidos y formas simbólicas como exija la dinámica situacional de un determinado período histórico. Cuando da sus definiciones de revelación coloca en primer término el principio ontológico de tal manera que llega a identificar la misma ontología con la revelación. La “teología” de Tillich no se inspira en la Biblia, sino en los grandes pensadores de la filosofía clásica. En una “teología” que no habla el Dios de la revelación, sino la sabiduría de la razón humana que se erige en autoridad suprema, puede tener un impacto inicial pero a la larga está condenada al fracaso. El pensamiento de este teólogo ha tenido una influencia fugaz y aunque en principio gozó de las simpatías de muchos seguidores, con el paso del tiempo su fulgor se ha ido apagando por lo que su aportación a la teología del siglo pasado es solo una pieza de museo de Seminario.

En cuanto al contenido del libro, tras la nota introductoria que Tillich escribió en 1956, en la que muestra cierto pesimismo sobre las definiciones que se hacían en su tiempo del término fe, el cuerpo de la obra está compuesto por seis capítulos: lo que es la fe, lo que no es la fe, los símbolos de la fe, los tipos de la fe, la verdad de la fe y la vida de la fe.

Aunque dedica mucho espacio a expresar lo que para él significa la fe, no hay ninguna referencia a la fe como don de Dios, ni como medio para recibir la gracia de Dios y la salvación.

Cuando se refiere a la fe y la duda, llega a la conclusión que una duda seria es la confirmación de la fe. Recordemos que se mueve en el plano filosófico, no en el de la fe bíblica. El tipo de fe que duda afecta también a los pastores de la Iglesia, una duda científica sobre las afirmaciones doctrinales y pone como ejemplo si Jesús puede ser nombrado Cristo, es decir, el Mesías. Aunque podemos estar de acuerdo en el enunciado que el sentimentalismo es una deformación del significado de  la fe y que esta como acto de la personalidad completa tiene un fuerte componente emocional, sin embargo,  falta  una base sólida en su argumentación, pues la concreta en preocupación por lo absoluto, y eso nos pone en guardia ante sus conclusiones.

¿Cuáles son los símbolos de la fe? Encuentra seis características del símbolo, pero  cuáles son: Dios en primer lugar. ¿De qué es símbolo Dios? Responde Tillich: “Dios es símbolo de aquello que nos preocupa de manera suprema; Dios es el símbolo de Dios”. Para el teólogo alemán, “Dios es el símbolo básico de la fe, pero no es el único”. Sigue con una exposición sobre símbolos y mitos, por cuanto para él estos están siempre presentes en cada acto de la fe, porque el lenguaje de la fe es el símbolo. Claro que para él, símbolo y mito no significan lo que nosotros entendemos como tales.

Sinceramente, no nos sentimos identificados con esta dinámica de la fe que se mueve por coordenadas filosóficas alejadas de la fe que viene por el oír la palabra de Dios.

Pedro Puigvert

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