Hablemos de… El Espíritu Santo

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espirituAndrés Birch.
Editorial Peregrino.2016, 169 pp.

Editado en formato que antes se llamaba paperback, (libro de bolsillo)  este libro es un acercamiento sucinto a la doctrina de la  tercera persona de la Trinidad, expuesta de manera sencilla para que todo creyente lo pueda entender en estos tiempos en que todavía persiste cierta confusión sobre su persona. En un prólogo muy coloquial, José de Segovia nos describe la personalidad del Espíritu Santo  y también la naturaleza de este libro: “Andrés Birch nos muestra en este libro nuestra dependencia del Espíritu Santo en el sentido trinitario del cristianismo clásico. El Espíritu hace que crea en el Hijo quien me permite acercarme a Dios como Padre, ya que solo por la obra del Hijo y el Espíritu, podemos llegar a él.” Termina su prólogo con una frase no exenta de humor y un párrafo laudatorio al autor, a todas luces merecido. La frase dice: “Andrés es la persona que yo hubiera querido ser de mayor, pero a la edad que ya tengo y dado el desastre que soy, me temo que ya no lo seré nunca…” Ahora es el momento para decir que Birch es un misionero inglés que tras sus estudios universitarios, teológicos y de preparación misionera, vino a España en 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada en Palma de Mallorca y miembro de varias entidades evangélicas.

Los primeros cinco capítulos del libro, o sea, la mitad trata de los temas relativos a la persona del Espíritu Santo, como por ejemplo, ¿Quién es?, el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, el Espíritu Santo antes de Cristo, el Espíritu Santo y Jesús, el día que vino el Espíritu Santo. La segunda parte se refiere mayormente a la obra del Espíritu Sano, como por ejemplo, el Espíritu Santo en la salvación, el Espíritu Santo y el creyente, el Espíritu Santo en las iglesias, el bautismo en el Espíritu Santo, la blasfemia contra el Espíritu Santo. Sin embargo, la división que hemos hecho entre la persona la obra no es exacta porque en todos los temas podemos encontrar ambos conceptos. La mayoría de estos temas ya los había expuesto el autor en la revista Nueva Reforma. El último capítulo no lleva número, se titula “Y una cosa más”. ¿Qué es esa cosa más?   Una exposición de las dos posturas  sobre las manifestaciones del Espíritu al principio de la Iglesia: la “continuista” y la “cesasionista”, es decir la primera interpreta que todos los dones han continuado a lo largo dela historia, mientras que la segunda cree que después de la muerte de los apóstoles cesaron. Birch cuenta que él de joven había pertenecido al movimiento carismático y había aceptado la postura continuista porque había tenido algunas experiencias relacionadas con los llamados dones extraordinarios, pero después de estudiar el tema en la Biblia cambió a la postura cesasionista.

Cuando expone el tema sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo, creemos que se deja llevar por una interpretación que ha sido aceptada por muchos que no han analizado el asunto a fondo, incluido el gran teólogo John Stott en el que se apoya. Identifican el pecado imperdonable con el pecado de muerte de 1 Jn. 5:16-17, cuando en realidad son distintos. El pecado imperdonable es atribuir a Cristo, como hicieron los fariseos, que hacía milagros por el poder de Beelzebú, cuando los hacía por el poder del Espíritu Santo, es decir, atribuían al Espíritu Santo un poder diabólico. Esta es la blasfemia. En cuanto al texto joanino, debemos tener presente que el uso de la preposición “de”  aquí es incorrecta porque denota naturaleza o cualidad, mientras que en el original griego el término es pros que significa “para” e indica fin u objeto de una acción. Se sigue de ello que no se trata de la condición o estado de pecado, sino de las consecuencias de un pecado que se ha cometido de manera pública, si alguno  viere a su hermano, que por su gravedad es castigado por Dios con la destrucción de la carne, como ocurrió con Ananías y Safira.

Naturalmente, el libro es ampliable, pero puede ser muy útil para los que dan los primeros pasos en el camino de la fe.

Pedro Puigvert

 

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