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En ésta sección estarán a disposición del estudiante matriculado en el CEEB de materiales de clase para el programa en curso, y diefrentes artículos escritos por miembros del claustro de profesores. Curso Superior Materiales primer curso Materiales segundo curso Materiales tercer curso Materiales cuarto curso Curso Básico Materiales primer curso Materiales segundo curso Artículos del claustro de profesores
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LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS/ 1. Co. 15:35-44 Después de demostrar el hecho de la resurrección, en contra de los que la negaban, el apóstol pasa a señalar su naturaleza o a enseñar con qué clase de clase de cuerpo han de resucitar los muertos. Parece ser que la gran objeción que se presentaba contra esta doctrina por algunos de la iglesia de Corinto, era que nuestros cuerpos futuros han de ser de la misma naturaleza de los que ahora tenemos y de ahí que Pablo se tome tantas molestias en aportar analogías para llegar a una conclusión. Planteamiento del tema de la resurrección del cuerpo (v.35). Pablo formula dos preguntas retóricas para pasar luego a enseñar sobre un asunto tan controvertido. El término griego pos (cómo) puede tener diferentes matices de significado y puede apuntar a una segunda pregunta que simplemente aclara a la primera. La manera más normal de interpretar la primera pregunta es: ¿En virtud de que acción o poder puede ocurrir este hecho extraordinario? Los versículos que siguen responden a esta pregunta y también a la relativa al tipo de cuerpo. Pablo prepara su respuesta a la primera pregunta diciendo que en el caso de la semilla plantada, el Creador le da un cuerpo (38); luego aplica esto concretamente desde la autoridad del Mesías y del poder del Espíritu (45-46). Analogías tomadas de la creación (36-41). 2.1. Analogía de las semillas (36-38). El apóstol dirige su mirada a aspectos diferentes del presente orden creado, empezando por las semillas y plantas, describiendo el proceso de siembra, germinación y nueva vida con un lenguaje cuidadosamente escogido para que sirva de modelo de lo que va a decir. Es evidente que no cree que el cuerpo resucitado crezca a partir del cuerpo actual una vez enterrado, de la misma manera que un olivo crece a partir de un hueso de aceituna. Su idea fundamental es que el poder del Creador “vivifica” la semilla que ha muerto (36). La expresión “se vivifica” está en forma pasiva, indicando la acción divina, corroborado por el v. 38: “Dios le da”, empezando así la respuesta a la pregunta “cómo”. La imagen habla de continuidad (la planta y el grano que crece a partir de la semilla), pero también de discontinuidad (semilla y planta no son idénticas). Pablo describe con cuidado el cuerpo actual, la “semilla”, como “desnuda”, aún no está vestida como lo estará un día, cuando se le dé un nuevo cuerpo. La insistencia recae, pues, sobre el nuevo cuerpo, no sólo como obra del Dios soberano, sino como don, subrayando así que la resurrección es un acto de gracia. 2.2. Analogía de la vida animal y celeste (39-41). El propósito principal del apóstol ahora es establecer que existen diferentes realidades físicas, cada una de las cuales tiene sus propias características. Es posible que tenga en mente Dn. 12:2-3, aunque no dice exactamente lo mismo. La distinción entre cuerpos “celestiales” y “terrenales” anticipa los vv. 47-49, aunque en el original los términos son distintos. El apóstol tiene cuidado de no dar la impresión que las analogías que describe son realmente análisis de cómo será la resurrección; lo que hace es establecer una red de metáforas y símiles. La gloria de los cuerpos celestes y terrenales no consiste en la luminosidad, aunque en diversos casos la incluye. Los objetos físicos de los cielos, poseen un tipo de gloria, y los de la tierra otro. Los objetos terrestres no brillan como el sol, la luna y las estrellas, pero siguen teniendo su propia gloria. Aquí “gloria” parece significar “honor” o “dignidad propia”, un término que sirve para varios usos. La dignidad propia del sol y las estrellas es que resplandezcan brillantemente, pero el contraste entre los celestiales y los terrenales no es entre luminosidad y oscuridad, sino entre gloria u honor y deshonra (v.43). Parte de la gloria de una estrella es que brille, pero esto en sí mismo no significa que todo lo demás deba tener una “gloria” del mismo tipo. No es vergonzoso para una vaca no brillar, ni para una estrella no mugir o no dar leche. Conclusión a la pregunta de cómo resucitarán de los muertos (vv.42-44) 3.1. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción (42). Del primero lo que se subraya es la naturaleza del nuevo cuerpo. Destaca la distinción entre un cuerpo corruptible, es decir, que decae, muere y se desintegra completamente y un cuerpo en el cual nada de eso se cumple (50-54). Este contraste entre corrupción e incorrupción no es un elemento más dentro de una lista de diferencias entre el cuerpo actual y el del futuro, sino que está implícito en el resto de la argumentación, especialmente entre la humanidad presente en su estado “térreo” dispuesto a regresar al polvo y el nuevo tipo de humanidad que se proporcionará en la nueva creación. 3.2. Se siembra en deshonra y debilidad, resucitará en gloria y poder (43). Llama la atención las dos características que tendrá el cuerpo nuevo: honor en lugar de vergüenza, fuerza en lugar de debilidad, las cuales están íntimamente relacionadas. Como en Filipenses 3:20-21, el nuevo cuerpo tendrá una condición gloriosa y también una capacidad que el cuerpo actual no tiene. El sentido que brota del punto anterior es que los seres humanos se conviertan en aquello que su Creador los destinó a ser, alcanzando, en el caso de los creyentes su propia gloria, en lugar de la vergonzosa y deshonrosa condición que conocen en el presente. 3.3. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual (44). Este último contraste es el que ha causado mayores problemas de interpretación. Con el término “cuerpo” no hay discusión ya que traduce bien el griego “soma”. La dificultad se produce cuando nos enfrentamos a la palabra “psyjikos” traducido por “animal”, “natural” en unas versiones, “físico”, “material” en otras. El término griego procede de “psije” que habitualmente se vierte por “alma” con referencia a la vida que es común a todo ser humano. El contraste es con “pneumatikós” traducido por “espiritual”. Pero, ¿qué es un cuerpo espiritual? Vayamos por partes: El cuerpo natural es el regido por las leyes de la vida meramente natural, cuyo principio vivificante es la psyje o vida animal. El cuerpo espiritual es el cuerpo adaptado al pneuma o espíritu, el principio racional e inmortal de nuestra naturaleza. El cuerpo animal es el que tiene las mismas propiedades que el de las bestias, del cuerpo espiritual no podemos decir mucho, pues lo que sabemos es lo que dice Pablo aquí, que es incorruptible, glorioso y potente, y además semejante al de Cristo glorificado. Un cuerpo adaptado al espíritu. Conclusión. Este es el modelo de una nueva humanidad como realidad futura.
LA PROVIDENCIA DE DIOS, Lc. 12:22-31 En el ámbito de la doctrina de Dios que nosotros confesamos, encontramos uno de sus atributos que es muy especial: su providencia. ¿Qué entendemos por providencia divina? Una definición breve puede ser ésta: “es el poder de Dios, omnipotente y presente en todo lugar, por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas de tal manera que todo lo que la tierra produce, la lluvia, la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, las riquezas y la pobreza, así como todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar, sino por su consejo y voluntad”. 1. Significado de providencia El término providencia deriva del latín providentia, que significa “previsión”. La palabra es usada para denotar la idea bíblica de “la sabiduría y el poder que Dios continuamente ejerce en la preservación y gobierno del mundo, por los fines que se propuso lograr”. “La providencia trata del apoyo de Dios, cuidado y supervisión de toda la creación, desde el momento de la primera creación hasta todo el futuro en la eternidad”. Por tanto, el concepto de la providencia, es opuesto al deísmo, el cual asevera el desinterés de Dios en el mundo y al panteísmo que confunde al Creador con la creación; además es el polo opuesto de la “suerte” o “casualidad”, que ve los eventos del mundo como incontrolables y sin ningún elemento de propósito benevolente. En este punto se necesita hacer una observación: aunque Dios ejerce una providencia general sobre el Universo y sus criaturas como un todo, existe un cuidado providencial especial que el Padre manifiesta a sus hijos regenerados. Este hecho es bastante evidente en la doctrina de la oración. ¿Oye Dios y responde (en consistencia con su voluntad) a las peticiones de los cristianos? Él con toda seguridad lo hace (Juan 15:7; Santiago 5:16; 1 Pedro 3:12; 1 Juan 5:14,15), y las oraciones son respondidas por medios providenciales.
2.2. Provisión. Es el segundo aspecto de la providencia de Dios. Dios no sólo preserva el mundo que ha creado, sino que también suple para las necesidades de sus criaturas. Cuando Dios creó el mundo, creó las estaciones del año (Gn. 1:14) y dio alimentos para los seres humanos y los animales (Gn. 1:29-30). Después que el diluvio hubo destruido la tierra, Dios renovó esa promesa de provisión con estas palabras: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche” (Gn. 8:22). Varios salmos dan testimonio de la bondad de Dios de suplir para las necesidades de todas sus criaturas (Sal. 104 y 145). Jesús afirmó sin lugar a dudas que Dios provee para las aves del cielo y los lirios del campo como hemos leído. Su cuidado no sólo abarca las necesidades físicas del género humano, sino también las espirituales. La Biblia revela que Dios manifiesta un amor y cuidado especial por su propio pueblo, a quien él le da un gran valor (Sal 91). Pablo les escribe a los creyentes de Filipos: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19). 2.3. Gobierno. Es el tercer aspecto de la providencia de Dios. Además de la preservación de Dios de su creación y de la provisión para ella, él también gobierna el mundo. Como Dios es Soberano, los acontecimientos históricos suceden bajo su vigilancia y voluntad permisiva; a veces él interviene directamente según su propósito redentor (Dn. 2:21). No obstante, hasta la consumación de la historia, Dios ha limitado su poder y gobierno supremo en este mundo. 3. ¿Cómo actúa la providencia divina? Ro. 8:28 El flujo de la historia que conduce a la glorificación de Dios también es para nuestro bien. ¿Cuál es nuestro bien? Evidentemente, hay muchos "bienes" que podemos disfrutar ahora, y están incluidos en este versículo. La providencia de Dios nos conducirá allí. Cuando hablamos del "bien" estamos introduciendo el tema del "mal". Y como hemos leído que "todas las cosas les ayudan a bien" a los que son llamados por Dios, la pregunta que surge inmediatamente es si el mal está incluido entre estas cosas. ¿El mal está sujeto a la dirección de Dios? Todas las cosas, incluyendo el mal, son usadas por Dios para lograr sus buenos propósitos en el mundo. 3.1. El uso que Dios hace del mal para el bien. Primero, está la maldad de otros. ¿Ayuda ésta para el bien del creyente? Cuando el hijo de Noemí, un israelita, se casó con Rut, una moabita, este matrimonio era un pecado porque era contrario a la voluntad revelada de Dios. Los judíos no se casaban con los gentiles. Sin embargo, este matrimonio permitió que Rut conociera a Noemí y que, por lo tanto, estuviera expuesta al verdadero Dios, y que cuando llegara el momento de escoger, eligiera servirle. "Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios" (Rt 1:16). Cuando Rut enviudó, se casó con Booz. A través de su nuevo esposo, Rut entró en la línea de descendencia del Señor Jesucristo, el Mesías (Mt. 1:5). Pero el más grande ejemplo de cómo los pecados de otros ayudan para el bien del pueblo de Dios lo tenemos en el pecado que se consumó sobre el Señor Jesucristo. Los líderes contemporáneos de Cristo lo odiaban por su santidad y deseaban eliminar su presencia de sus vidas. Satanás obró para atacar a Dios, animándoles a que trataran al Cristo encarnado sin misericordia. Pero Dios hizo que esto obrara para nuestro bien, que la crucifixión de Cristo actuara para nuestra salvación. En ningún caso Dios fue responsable de la maldad, aunque estaban involucrados el pecado humano y el pecado de Satanás. Dios no participó del pecado. Sin embargo, aunque Dios no tuvo ninguna parte en el pecado, obró por medio de él para el bien, de acuerdo con sus propósitos eternos. 3.2. El uso de las circunstancias. Cuando el apóstol Pablo escribió a los romanos expresó su deseo de visitarles diciendo que “rogaba que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros” (Ro. 1:10). Si seguimos la vida de Pablo en los Hechos, sabemos que tuvo que sufrir muchas vicisitudes hasta llegar a Roma: fue encarcelado durante dos años, después llevado a Roma en un barco que zozobró y finalmente tras varias peripecias llegó a Roma (Hch. 23-28). Dios respondió a su oración, pero la manera en que lo hizo manifiesta su voluntad en llevarlo a cabo, que fue distinta a la que el apóstol imaginó. Conclusión. El conocimiento de esta enseñanza bíblica nos debe llevar a la gratitud por el resultado favorable de todas las cosas, a la paciencia en la adversidad y a evitar la preocupación por el futuro, pues todo está bajo el control de Dios. La creencia en la providencia determina muchas de las actitudes básicas de la verdadera piedad. El conocimiento de que Dios obra en nuestras vidas nos enseña a esperar en Él en fidelidad, humildad, y paciencia para vindicarnos y liberarnos. ¡A él sea la gloria! Pedro Puigvert LA ENSEÑANZA DE JESÚS SOBRE EL MÁS ALLÁ /Lc. 16:19-31 La mayoría de comentaristas bíblicos se refieren a este pasaje de las Escrituras como la parábola del hombre rico y Lázaro. El hecho de que se mencionen los nombres propios de dos personajes (Lázaro y Abraham) la hacen una parábola muy particular. Las parábolas cuentan historias de la vida de todos los días, un sembrador que sale a sembrar al campo, una oveja que se ha perdido y el pastor va buscarla, una mujer que pierde una moneda y barre toda la casa hasta encontrarla. Entonces, este relato de cosas que pasan después de la muerte, puede ser recibido como una descripción exacta de lo que ocurre realmente cuando morimos. Este es un tema del que no gusta hablar, pero forma parte de nuestra existencia aquí y también del más allá, por eso nos concierne. Cuenta un autor, con cierta ironía, que “si te quieres encontrar solo en una fiesta o en cualquier reunión a la que asistas, habla con los invitados de la muerte y pregúntales como se la imaginan. Tus amigos harán todo lo posible para encontrar buenas razones y evitar tu compañía”. Jesús cuenta la historia de un hombre rico que banqueteaba cada día luciendo espléndidas ropas. Delante de su casa había otro hombre que mendigaba lleno de llagas esperando comer los mendrugos de pan con que los comensales se limpiaban las manos y tiraban a los perros (19-21). En la interpretación de las parábolas no debemos buscar el significado de los detalles que constituyen el ropaje, porque entonces estaríamos alegorizando el texto, una práctica de la que hay que huir por errónea, pero sí podemos destacar las verdades importantes que sobresalen en esta historia. 1. Jesús creía que la muerte no es el fin de la existencia humana. (22-23). La manoseada frase de que muerto el perro se acabó la rabia, no formaba parte del pensamiento del Señor Jesús. Cuando morimos aquí, nuestra existencia no ha terminado. La muerte es simplemente la transición de un lugar a otro. Lo que queda aquí es nuestro cuerpo, pero nosotros seguimos viviendo. Este es un hecho tranquilizador y espantoso a la vez. Es tranquilizador estar seguro que continuamos existiendo después de morir, pero es espantoso si no estamos seguros de saber donde estaremos en el instante después de nuestra muerte, si al lado del Señor descansando o lejos de él sufriendo. 1.1. El destino de Lázaro (22). En el curso de su vida, Lázaro el mendigo, sería un creyente en el Dios de Israel. En consecuencia, cuando muere, los ángeles se llevan su alma a un lugar de reposo y de gozo de bendiciones al lado de Abraham, el padre de los creyentes. El hecho de mencionar el nombre del más prestigioso patriarca de Israel, era para hacer comprender a los que oían la parábola que Lázaro se encontraba en el lugar donde iban los espíritus de los justos después de la muerte. Los rabinos judíos se referían indistintamente a este lugar como el seno o al lado de Abraham, una expresión sinónima de cielo o paraíso. 1.2. El destino del rico. (23). Por contraste, el hombre rico, disfrutaba solamente de los bienes materiales. A su muerte, fue enterrado probablemente con gran pompa y múltiples elogios fúnebres. En consecuencia, él se encontró en el Hades, la región de los muertos, un lugar de tormento, que como veremos más adelante no debemos confundir con el infierno. Mientras su cuerpo está en la tumba, su espíritu sufre tormentos en el Hades. 2. Jesús creía que hay dos dominios de existencia tras la muerte (24-26). Los seres humanos al morir van a un lugar de reposo o a un lugar de tormento. Jesús nunca ha orillado este asunto. El rico había sido tenido en alta estima en la tierra. La gente lo consideraba como alguien que había obtenido éxito en la vida y la mayoría estaría encantado de tenerlo en su iglesia o grupo social. Pero Dios que escudriña el corazón de los hombres lo encontró vacío de fe. En lugar de amar a Dios, como la ley y los profetas le ordenaban este hombre amaba los bienes materiales. En lugar de amar al prójimo como a sí mismo, no había atendido a Lázaro a la puerta de su casa. Por eso este hombre estaba en el Hades. 2.1. El dominio de la muerte (24). El término griego Hades es sinónimo del hebreo Seol y ambos se usan para referirse a un lugar donde van las almas de los impíos e incrédulos hasta la resurrección de los muertos. Nuestra versión hace bien de dejar ambos términos en su propia lengua, porque algunas erróneamente han traducido Seol por sepulcro, cuando existe la palabra queber para ello. Observemos que el rico es consciente de donde está: ve a Abraham y le pide que envíe a Lázaro para refrescar su lengua con una gota de agua. Además nos damos cuenta que el carácter de los rebeldes no cambia en el más allá. Es absurdo pensar que alguien se despierte en el Hades y de repente crea en Cristo. Los hombres y mujeres que han rechazado la gracia de Dios en esta vida continuarán igual en la otra. El rico manifiesta las mismas actitudes que antes, porque la misericordia que busca es la de calmar el sufrimiento, pero no hay en él ningún signo de arrepentimiento. 2.2. El dominio de la bienaventuranza (25). Lázaro se encuentra al lado de Abraham consolado después de la muerte, pero no por ser pobre ni el rico atormentado por ser rico. Éste, porque había vivido al margen de Dios y aquel porque era un hombre humilde que creía en Dios. Sin embargo, es consolado por la vida que había sufrido en la tierra. Este lugar de consuelo es designado por Jesús como el paraíso cuando le hace la promesa a uno de los dos ladrones crucificados a su lado; también el cielo como lugar al que ascendió Jesús después de su resurrección. 2.3. La sima de separación. (26). De una parte vemos el lugar de residencia de los espíritus de los justos y del otro el lugar de tormento donde son enviados los espíritus de los impíos. En medio una gran sima impide pasar de un lado al otro. En ningún momento, Jesús o la Biblia en otra parte, menciona el purgatorio. En cuanto al infierno, es un lugar para el estado eterno, una vez resucitados y efectuado el juicio final destinado para el diablo, sus ángeles y todos los impíos. 3. Jesús creía que la muerte es irreversible. (27-31). La muerte sella nuestro destino para siempre jamás. Es decir, no hay posibilidad de volver atrás. Es mientras estamos en esta vida que debemos arreglar el porvenir eterno. Todas las peticiones del rico son rechazadas, su discurso pidiendo a Abraham que envíe a Lázaro a casa de su padre llega tarde. Por la experiencia que vivía se daba cuenta que había una manera de evitar ir a aquel lugar de tormentos. Por eso hace la súplica para lograr que a sus hermanos no les ocurra lo mismo. Un sentimiento de desesperanza se abate sobre él. Pero después de la muerte no hay cambio posible. El lugar donde pasaremos la eternidad, no se decide después de la muerte, sino aquí y ahora. Abraham le mostró que sus hermanos ya tenían la guía para saber lo que debían hacer: las Escrituras. Porque ni siquiera alguien que resucitara podría persuadir a los que rechazan la Palabra de Dios de que deben creer en Cristo para ser salvos. Conclusión. La historia de Jesús sobre el hombre rico y Lázaro destruye el mito popular de que no hay vida después de la muerte. Por otro lado, es urgente arreglar nuestro futuro si todavía no lo hemos hecho. Entre otras cosas Cristo dio su vida para librarnos de la condenación eterna. Todavía podemos acogernos a su gracia y ser salvos. Pedro Puigvert ME SERÉIS TESTIGOS /Hch. 1:6-11 El pasaje escogido para hoy, dice textualmente en palabras de Jesús: “me seréis testigos” una vez recibido el poder del Espíritu Santo de acuerdo con la promesa del Padre enseñada por Jesús. Esta porción de Hechos es como un puente entre este libro y el tercer evangelio (Lc. 24:48-4
La pregunta la formularon algunos de los que se habían reunido. El texto no nos dice que fueran los apóstoles quienes la hicieron, como se ha escrito en ocasiones, para recalcar su ofuscación a pesar de haber recibido la instrucción del Señor durante 40 días. Los reunidos en Jerusalén eran como ciento veinte y algunos de éstos le preguntaron a Jesús. 1.1. Sobre la restauración del reino a Israel (v.6).Ciertamente los que habían hecho la pregunta todavía participaban del criterio general de los judíos que esperaban que el Mesías restableciera el Reino de Dios con Israel en el centro de su esperanza. Estos discípulos no tenían aún las ideas claras sobre el evangelio del reino ni el reino que Jesús había venido a establecer. De ahí la respuesta de Jesús que va más allá de una corrección ya que incluye un mandamiento. 1.2. La corrección de Jesús (v.7). El Señor hace una doble corrección: en primer lugar porque quieren saber los tiempos y las sazones y esto pertenece única y exclusivamente a la voluntad del Padre. Hay creyentes que también quieren saber más de lo que está revelado en relación con los acontecimientos futuros que tienen como centro la consumación del reino, pero no nos toca a nosotros especular sobre fechas y tiempos. En segundo lugar, se desprende que el reino no ha de ser restaurado únicamente a Israel, sino que hay que incluir también a los samaritanos y a todas las gentes que creerán en el evangelio. Lo que se niega aquí no es la idea del reino, sino el interés inadecuado en saber cuando se va a producir su restauración. Por otro lado, se niega la idea de que este reino sería sólo para Israel.
Mientras algunos indagaban sobre la restauración del reino a Israel, el Señor les responde con la necesidad de ser testigos hasta lo último de la tierra. Todo el resto del libro nos va mostrando que gracias a la dirección del Espíritu Santo, los discípulos van descubriendo que el alcance del reino es mucho mayor de lo que pensaban. En la última parte del v. 8 tenemos un bosquejo de todo el resto del libro: a partir de Jerusalén el reino se extiende hasta lo último de la tierra. 2.1. Ser testigos. El término griego mártys se traduce por “testigo”. Aunque puede significar “mártir” cuando un cristiano paga con la muerte su testimonio, como le sucedió a Esteban, no es el sentido que tiene aquí. Ser testigos, alude al hecho de dar testimonio, es decir, proclamar a Cristo como vemos que hacían los apóstoles en este libro y de manera especial Pablo. Hay una relación entre ser testigos y el reino. En el mensaje de Pentecostés, Pedro dice textualmente que “Dios ha hecho a Jesús, Señor y Cristo” (2:36). Los testigos tienen que proclamar, no sólo a Jesús, sino que con su venida ese reino ha sido inaugurado. Así, ser testigos de Jesús es también ser testigos del reino. Conviene subrayar el carácter histórico de este testimonio de los discípulos, porque se es testigo de un hecho, no de una idea, un acontecimiento que tiene que ver con la obra y las palabras de una persona. El testimonio para el que los discípulos reciben poder es el anuncio concreto de lo que Dios ha hecho en la vida, muerte y resurrección de Jesús. Este es el testimonio que debemos dar tanto en palabras como con nuestra vida. Nosotros, históricamente no hemos sido testigos de los hechos de la vida de Jesús, pero tenemos el testimonio de los escritos de los apóstoles y hemos creído en Cristo, algo que forma parte de nuestra experiencia de vida, además de contar con la ayuda del Espíritu Santo, por tanto, estamos capacitados para ser testigos de Cristo en el círculo más próximo, y de forma concéntrica hasta lo último de la tierra. Eso lo entendemos bien, pero ¿por qué sólo unos pocos lo convierten en su forma de vida? ¿Por qué nos cuesta tanto llevarlo a la práctica? 2.2. Predicar un mensaje. En el evangelio de Lucas el mensaje de Jesús es el anuncio del evangelio del reino de Dios (Lc. 4:43) y en el segundo tratado, los Hechos, el mismo autor resume ese mensaje en términos del reino. Se trata de un reino que se compara con una semilla de mostaza (Lc.13:18-19) o a un poco de levadura (Lc.13:20-21). Es el mismo reino del que nos habla este libro porque son los hechos del Espíritu Santo, que nos permite vivir en medio de los reinos de este mundo como ciudadanos de otro reino. El mensaje que debemos proclamar los testigos es una buena noticia, no una serie de doctrinas, sino una serie de hechos, las acciones de Dios en Jesucristo que se centran en su vida, pasión, muerte y resurrección. Como toda noticia, quienes la comunican son testigos vivenciales de ella. 2.3. Extenderlo hasta lo último de la tierra. La iglesia ha recibido la comisión de dar testimonio de manera continua hasta alcanzar con el mensaje del evangelio los límites de nuestro planeta. A pesar de haber transcurrido dos milenios desde que Jesús ascendió a los cielos, esta tarea todavía no ha concluido. Es cierto que las misiones han llegado hasta lugares recónditos y que en el siglo pasado hubo un avance significativo en América, Asia y África, pero en lo que se llama la Ventana 10/40 (una franja comprendida entre ambos paralelos) el evangelio todavía no ha podido penetrar Y en nuestro país todavía quedan miles de pueblos sin testimonio del evangelio.
Una vez les hubo dado la orden de ser testigos, Cristo ascendió a los cielos de manera definitiva y visible hasta su retorno glorioso con lo que puso fin a su ministerio en la tierra, aunque continúa ejerciendo en los cielos el triple ministerio de profeta, sacerdote y rey. 3.1. Huyendo del escapismo (v.10). La tentación que acosa a la iglesia es quedarnos mirando al cielo donde está Jesús. El Señor les había dicho a sus discípulos que después de su ascensión fueran a Jerusalén para recibir el poder del Espíritu Santo, pero ellos se quedaron mirando el cielo. Eso nos ocurre también a nosotros en una suerte de escapismo de la realidad presente para evitarnos problemas y ponemos excusas para no dar testimonio. 3.2. Poniéndonos a trabajar como testigos (11). Fue necesario que viniesen dos ángeles para recordarles lo que tenían que hacer. Lo que les dicen no es que ellos irán con Jesús, ya que podrían desentenderse de su compromiso, sino que Jesús un día volverá a la tierra y es en la tierra donde ellos tienen que trabajar como testigos. Es en la tierra donde tenemos nuestra misión. Conclusión: En principio, mientras sea su voluntad, el Señor no nos llama al cielo, sino a Jerusalén para prepararnos para nuestra misión y luego hasta lo último de la tierra.
Pedro Puigvert LA IMPORTANCIA DEL LIBRO DE LOS SALMOS De todos los libros de la Biblia, el de los Salmos ocupa un lugar aparte. Sin duda alguna es el más utilizado. No sólo judíos y cristianos encuentran en él una reserva inagotable de oraciones para todas las circunstancias de la vida, sino incluso personas ajenas por completo a la expresión bíblica de la fe encuentran en este libro una palabra que les reconforta. 1. Los salmos y la oración Jesús y los primeros cristianos han orado de manera natural los salmos exactamente como lo hacían los judíos de su tiempo. En nuestros días, la práctica de la oración libre, popularizada por los movimientos de avivamiento espiritual, ha contribuido a hacer descubrir expresiones más espontáneas de la fe. Pero ella probablemente también ha ayudado a elevar los salmos a un lugar privilegiado que nunca debería haber perdido. Muy pronto, los creyentes se apropiaron los salmos sin vacilar para “arreglarlos”, como se ha dicho, de la manera que un músico arregla la partitura de otro autor. De entrada, seguramente citamos versículos, porque estamos habituados a este tipo de arreglo al tener la tendencia de encontrar todo esto muy natural. Pero, ¿quién nos ha autorizado a elegirlos? ¿No es una elección arbitraria o inspirada en preferencias humanas? Seguidamente, en las oraciones o en las predicaciones hay una utilización de expresiones sacadas de los salmos, producida por reminiscencias que no son fáciles de identificar. Agustín de Hipona nos ha dejado magníficos ejemplos del tejido de palabras de los salmos en sus Confesiones. Agustín transcribe raramente un versículo completo, ya que él destaca únicamente algunas palabras. El carácter heterogéneo que podría tener la inserción de un texto extraño, se atenúa por el hecho de que el autor pronuncie como suyas las palabras del salmista. Por ejemplo, la frase “El Señor ha entendido el deseo de los pobres” se convierte en “el Señor entiende mi deseo”. Nada nos impide utilizar este procedimiento de apropiación de los salmos. 2. Los salmos y la poesía El primer aspecto que salta a la vista cuando abrimos una Biblia por los salmos, es su forma poética. ¿Es porque la poesía es más cercana que la prosa para expresar los sentimientos que esta forma literaria los caracteriza? ¿Nos permite la poesía honrar mejor al Señor? ¿Esta forma de expresión conviene más para un uso comunitario? ¿La búsqueda de de la rima y el ritmo permite al autor profundizar en el sentido sin caer en un ejercicio intelectual estéril? Sin duda, todas estas razones, lejos de excluirse, deben ser retenidas en conjunto. Notemos que la poesía hebrea, que hace rimar el sentido y no el sonido de las palabras, obliga al poeta a repetir su pensamiento, lo que permite a menudo clarificarlo. Veamos algunos ejemplos: a)“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105). La segunda parte del versículo, tiene el mismo sentido que la primera, pero el salmista pone el acento sobre la finalidad de la luz que consiste en permitir la marcha. Esta reformulación clarifica el pensamiento y permite poner la acentuación sobre la idea principal que debe sobresalir. En este caso se trata de un paralelismo sinónimo similar. b) “De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira” ( Sal. 119:104). Este versículo juega con el contraste entre sus dos partes o dístico. Se trataría, pues, de un paralelismo antitético. Pero al mismo tiempo, desarrolla su pensamiento mostrando una de sus aplicaciones, con lo que estaríamos también ante un paralelismo sintético. Una forma poética corriente en los salmos es el poema alfabético o acróstico. Cada estrofa o cada versículo empiezan por una letra del alfabeto hebreo. Esto es debido a que facilita el aprendizaje del texto de memoria, pero es imposible de trasladar a otra lengua. ¿Quién en nuestros días aprende todavía los textos de memoria? Lo que ha llegado a ser rarísimo, era corriente en los tiempos bíblicos. Los manuscritos eran escasos y el único medio de “guardar” la palabra era memorizándola. Esta tradición fue conservada aún en la Edad Media. Tenemos constancia de que los seguidores de Pedro Valdo, se aprendieron de memoria todo el evangelio de Mateo. Algunos salmos probablemente aluden al hábito de recitar los textos de memoria (Sal. 1:2, 63:6). 3. Los salmos y la identidad protestante “Saber los salmos de memoria es, entre los protestantes, como una marca de su comunión; y, para nuestra vergüenza, en las poblaciones donde ellos son numerosos se escucha su resonar en la boca de los artesanos y, en el campo en la de los labradores, mientras que los católicos, o son mudos, o cantan canciones deshonestas”, escribió el obispo Antoine Godeau en 1645 en el prefacio de su “Paráfrasis a los salmos de David” que publicó para contrarrestar los salmos hugonotes, puesto que éstos tuvieron una gran influencia en los medios católicos y los clérigos temían que el pueblo fuera contaminado por una traducción “fraudulenta”. Un jesuita de finales del siglo XVI escribió que los cánticos de Lutero “habían matado más almas que sus escritos y sus propósitos”. Varias tentativas de suministrar los salmos conforme a la predicación romana fueron hechas en esta época, la de Antoine Gadeau, obispo de Vence y de Grasse debió conocer un éxito inesperado. A partir de 1661, fecha de la decisión de prohibir a los protestantes cantar los salmos fuera de sus templos, los que se amparaban en las paráfrasis de Gadeau para poder cantarlos en sus casas tuvieron que cesar por una nueva prohibición de carácter general de cantarlos. Hay todavía dos relatos que dicen mucho sobre el lugar de los salmos en la piedad y la identidad protestante. Más de veinte años después de la revocación del Edicto de Nantes, la cuñada de Luis XIV, la duquesa de Orleáns (princesa palatina, nacida reformada) escribía a su hermana: “yo canto a menudo los salmos y los encuentro muy consoladores; quiero contarte que hace más de veinticinco años que he llegado a esta consideración. Yo no sabía que el señor Rousseau que estaba pintando el Naranjal, era un reformado: él estaba trabajando sobre un andamiaje y yo que creía que estaba sola en la galería me puse a cantar el salmo seis. Apenas había terminado de cantar el primer versículo, vi que alguien descendía de lo alto del andamiaje y se arrodillaba a mis pies. Era Rousseau. Creía que se había vuelto loco. «Le dije: buen Dios, ¿qué tenéis Rousseau?» ¡Es posible señora que usted recuerde todavía nuestros salmos y que los cante! Que el buen Dios la bendiga y le mantenga sus buenos sentimientos. Él tenía los ojos llenos de lágrimas”. En el otro extremo de la escala social: “En una pequeña población un cura sedicioso intentó amordazar a un cerrajero prohibiéndole cantar los salmos de su religión en su establecimiento, el cual estaba al lado mismo de su iglesia; durante la misa, los sentimientos del sacerdote se turbaban todas las mañanas por el canto inoportuno y no por los continuos golpes o por el rechinar de la lima. Como el cerrajero no estaba dispuesto a obedecer las órdenes, le fueron reiteradas por un sargento en todas las formas de la justicia y cuando éste escribió sobre sus hazañas esperando la respuesta, representa que el pobre hombre no tenía nada que responder. Entonces le dijo: “hace falta que ponga cualquier cosa”. -“¡Ah! Le dijo el cerrajero, poned pues: “jamás cesaré de magnificar al Señor, en mi boca habrá su honor mientras esté vivo”. Conclusiones. ¿Debemos volver al salterio hugonote como expresión legítima de nuestra fe? Seguramente no. Sin embargo, el genio de los salmos de la Reforma nos enseña algunos principios en que los autores de cantos y otros himnos de moda, harían bien en inspirarse. 1º. El valor de un canto religioso es directamente proporcional a tenor de su savia bíblica. Tanto en la profesión de fe como en el método pedagógico, el canto forma el pensamiento, educa los sentimientos, y sirve para expresar las convicciones. 2º. El valor de un canto depende a menudo de su capacidad de reunir un pueblo muy diverso. Obreros y mandos, alumnos y profesores, “jóvenes y viejos”, hombres y mujeres, deben poder gozarse juntos en su alabanza a Dios. 3º. En nuestros días, la aportación de culturas inaccesibles anteriormente, enriquece la himnología cristiana más que las proezas técnicas de artilugios acústicos muy sofisticados. No hemos de tener miedo a las contribuciones exóticas. Su simplicidad puede ser extremadamente bienhechora, como por ejemplo, los espirituales negros. 4º. La música no debe colocarse por encima de las palabras, sino permanecer en su papel humilde de servidor de la Palabra. Hay un tiempo para los musicales y otro para los oratorios. Pero la alabanza y la oración de la comunidad, reunida en asamblea o dispersada en individuos, no está destinada solamente a encontrar placer, sino a expresar su fe con todo su ser. 5º. Para ser impactantes, las palabras de los cantos, así como la de los salmos, deben ser periódicamente revisadas. En un mundo de cambios rápidos en el que vivimos, la expresión de nuestra piedad precisa ser revisada con más frecuencia que antes. Pues no solamente la música es más brillante que las palabras que ésta acompaña, sino que las palabras son de una pobreza desesperante. Pedro Puigvert EL SACRIFICIO VICARIO DE CRISTO Hace unos días recibí un archivo que me enviaba un hermano en el que había una impactante descripción del sacrificio de Jesús en imágenes y palabras con un objetivo evangelístico con la pretensión de explicar científicamente cómo se había producido su crucifixión. Pero la visión y lectura de su contenido ponían al descubierto algunos errores que daba al traste con su pretendido carácter científico. El profeta Isaías anuncia maravillosamente con una anticipación de siete siglos los sufrimientos del Siervo de Yahweh presentados de tal manera que los cristianos de todos los tiempos han reconocido en él a Cristo muriendo en la cruz. Ahora bien, la doctrina de la salvación -que se funda sobre la obra de Cristo tomando sobre si el castigo merecido por los hombres- es hoy puesta en tela de juicio, no solamente por los adeptos de las teologías liberales, sino también por los que no pueden aceptar la idea de que Dios pueda reclamar un sacrificio para la expiación del pecado. El sacrificio vicario de Cristo en la historia Es en plena Edad Media que el teólogo Anselmo de Canterbury (1033-1109) formula la doctrina de la "expiación vicaria" ( o también de la substitución). Esta expresión significa que muriendo, el Cristo ha sufrido el juicio en lugar del pecador. Anselmo lo explicó con estas palabras: "Si la ciudad celestial debe estar llena de hombres y que esto no se puede hacer si la satisfacción no es ofrecida, pero no puede ser ofrecida más que por Dios y que no puede ser ofrecida por un hombre, hacía falta que fuera ofrecida por el Dios-Hombre. Hasta Anselmo, la doctrina de la expiación permanecía muy desdibujada y, los que siguieron avanzaron toda suerte de explicaciones. Así, Abelardo (1079-1142), profesor en París, conocido por su amor desdichado por Eloisa, enseña que Jesús es muerto para tocar los corazones de los hombres. Según Fausto Socino (1539-1604), adversario de Calvino en el tiempo de la Reforma, Jesús sólo es muerto para servir de ejemplo. En la actualidad, para muchos cristianos, la muerte de Jesús es la demostración y la prueba del amor de Dios, un amor total que le lleva a entregar su vida. También haría falta mencionar otras interpretaciones, como por ejemplo la que lo contempla sólo como una victoria sobre Satanás. Todas estas concepciones son correctas en parte, pero los que las sostienen descartan las afirmaciones bíblicas según las cuales Jesús ha muerto en nuestro lugar - a favor nuestro- para satisfacer la justicia de Dios. Estas afirmaciones, que nosotros encontramos repetidas en el texto de Isaías, son refutadas en nombre del Dios de misericordia que no tiene necesidad de sacrificios sangrientos que los hebreos, siguiendo a la mayoría de los pueblos, han creído su deber ofrecer. Así en nuestros días, reconocer el valor sacrificial de la muerte de Jesús, significa acercarse a la cara escondida de un Dios oscuro. El sacrificio vicario de Cristo en el profeta Isaías Nos centraremos exclusivamente en la cuarta canción del Siervo Sufriente de Yahweh (Is. 52:13-53:12). En esta canción se encuentra el punto culminante, no sólo del libro, sino de todo el AT, que podemos contemplar la obra del Siervo de Yahweh como en un gran cuadro en forma de tríptico: En la parte central (53:1-10) se pone el acento en el sacrificio de Cordero para el perdón de los pecados y en los dos laterales (52:13-15 y 53:11-12) se describe la resurrección del Siervo Sufriente y el fruto de su obra. El llamado quinto evangelio, revela el sentido simbólico y espiritual de la obra maestra del Mesías: el don de su vida para justificar a muchos seres humanos. a) El sacrificio de Cristo es un sacrificio expiatorio (Is. 53.1-10). El cordero sin mácula sacrificado en el templo recibía por la imposición de las manos del pecador todo el peso de su pecado, y muriendo permitía al culpable vivir en paz con Dios. Así mismo, el Mesías, sin pecado, sufrirá para llevar el peso del pecado de los hombres. Muriendo en su lugar (vv.6-8), los librará de su culpabilidad (v.10) y les dará la paz y la sanidad espiritual (5). Lo que en el ritual levítico se hacía con un cordero, en Isaías, el cordero es una persona que será identificada por Juan el Bautista como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo señalando a Jesús. b) El sacrificio de Cristo condujo a su glorificación (52:13-15; 53:11-12). Después de un tiempo de sufrimiento espantoso, pero voluntario, para la purificación y el perdón de muchos hombres, Dios promete al Mesías resucitado contemplar los frutos eternos de su sacrificio y de su intercesión. Igual que las naciones que no le habían recibido, como Israel, el anuncio de esta salvación verá asombrosamente la realización (52:15). Los que habrán reconocido que Jesús ha muerto a su favor o en su lugar, constituirán su descendencia purificada y justificada (53:11). Conclusión Igual si tenemos todas las razones para decir que Dios no necesita de sacrificios, tenemos necesidad de saber que las faltas cometidas por nosotros o contra nosotros merecen una pena y que esta pena no es simbólica. Podemos estar seguros que lo que Cristo ha tomado sobre si en la cruz es bien real. Hacía falta porque Dios ama a los hombres hasta la muerte. Misterio de la gracia que da a conocer justamente lo que Cristo ha hecho por nosotros poniéndonos en el camino de la reconciliación con Dios y con nuestros semejantes. Pedro Puigvert
LA ELECCIÓN DEL PUEBLO DE DIOS/ Dt. 7:6-11 El texto que encabeza este escrito es clásico en el AT en relación con la elección de Israel. Si luego vamos al NT, encontramos la misma idea con respecto a la Iglesia (Ef. 1:4). La elección es una doctrina de la que se suele pasar de puntillas por ella y muchas veces es ignorada porque estamos ante un misterio de difícil comprensión en cuanto a algunas de sus consecuencias. Incluso en algunos libros de Doctrina ni siquiera se menciona el nombre. Estoy de acuerdo con Stott de que en ninguna parte de la Escritura se desvela el misterio de la elección y debemos cuidarnos de cualquiera que trate de sistematizarla demasiado rígidamente. No tenemos una solución simple a un problema que ha desconcertado a los grandes teólogos durante siglos, pero al menos se desprenden de la Biblia tres grandes verdades a modo de premisas que nos ayudarán en el análisis del pasaje de Deuteronomio.
1.1. Es una doctrina revelada por Dios, no una especulación humana. No ha sido inventada por teólogos como Agustín o Calvino, aunque ambos la enseñaron. Está en la Biblia y ningún cristiano que ame la Palabra de Dios, puede ignorarla. De acuerdo con el AT, Dios eligió a Israel entre todas las naciones para ser un pueblo especial. Según el NT, Dios está eligiendo una comunidad universal para ser santos. Así que no debemos rechazar esta noción bíblica como si fuera una fantasía de unos hombres, sino aceptarla humildemente, aunque no la entendemos totalmente, como tampoco comprendemos el misterio de la Trinidad, por ser una verdad que Dios mismo ha revelado. 1.2. Es una doctrina para incentivar la santidad, no una excusa para pecar. Es cierto que esta enseñanza nos da una poderosa garantía de seguridad eterna, ya que el que nos ha elegido y nos ha llamado, ha prometido sostenernos hasta el fin. Pero nuestra seguridad no puede ser utilizada para admitir y mucho menos para alentar el pecado. Sería un error pensar que como Dios me ha elegido, salvado y estoy seguro, no tengo que preocuparme por la santidad. Pablo nos dice que Dios nos ha elegido en Cristo “para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Así que lejos de alentar el pecado, la doctrina de la elección lo prohíbe y coloca sobre nosotros la necesidad de la santidad. En última instancia, la única evidencia de la elección es una vida santa. 1.3. Es una doctrina para estimular la humildad, no un motivo para envanecerse. Algunos piensan que creer que Dios nos ha elegido es un pensamiento arrogante que el cristiano no debe sostener. Bien, sería así si pensásemos que Dios nos ha elegido por algún mérito nuestro. Pero no hay lugar alguno para el mérito en la doctrina de la elección, como veremos más adelante en relación con Israel. Pablo dice que Dios nos eligió antes de la fundación del mundo, es decir, antes de que existiésemos por lo cual no podemos reclamar mérito alguno. Es un acto de su soberana voluntad.
Hay tres cosas importantes que sobresalen de estos versículos: 2.1. La elección no depende de las cualidades del pueblo (v.7). No se basa en criterios normales propios de los seres humanos, como por ejemplo, el número o el poder de este pueblo. Escoger, en boca de Dios significa la soberanía libre del Señor, en que nada justifica la elección de los que han sido objeto de ella. Israel era el más insignificante de todos los pueblos y, por tanto, desde nuestro punto de vista humano, había buenas razones para que Dios no debiera haber elegido a Israel, pero su voluntad es inquebrantable. De la misma manera, de forma individual, Dios tampoco tiene ninguna razón para escogernos a cada uno de nosotros ya que somos pecadores y no podemos aportar nada para merecer ser elegidos. Ha sido un acto de su gracia soberana. 2.2. El amor de Dios precede a la elección (v.8). Si el pueblo es elegido es gracias al hecho de que Dios lo ha amado antes. El juramento que está en el fondo de la cuestión es que Dios ha jurado por sí mismo en el momento de establecer el pacto. Se trata, pues, de un amor fundado sobre el pacto. Como motivo positivo de la salida de Egipto, es decir, de la manifestación histórica de los lazos de Yahweh con Israel, se encuentra el amor de Dios por los patriarcas y su fidelidad a su propia promesa (v. 8). Una decisión tomada libremente, sin otra justificación que el amor, estaba ya actuando en el tiempo de los patriarcas y no puede ser rebajada. Esto explica la elección de Yahweh. Este lazo entre el amor y el pacto es señalada más adelante en el contexto (vv.12-13). 2.3. El objetivo de la elección es la redención (v.8). Aquellos que han sido elegidos serán también rescatados. La liberación de la esclavitud de Egipto es claramente la finalidad de esta elección divina. Tanto en este texto como en otros de la Biblia, la elección termina en el rescate (Is. 14:1, Ef. 1:4-7). Por tanto, esta obra de redención de los elegidos no implica automáticamente la salvación individual, ya que hace falta que respondamos al evangelio por medio de la fe, en respuesta al llamamiento divino. El privilegio de la elección y sus responsabilidades se desprenden del modo siguiente: a grandes privilegios mayores responsabilidades. Veamos también tres responsabilidades por haber sido elegidos: 3.1. Hemos sido elegidos para ser santos (v.6). Israel fue elegido para ser santo o consagrado al Señor. El hecho de las obligaciones religiosas y éticas engendradas por la elección son muy importantes. La elección y la relación con el pacto que surge de ella, distingue a Israel de las demás naciones porque debe ser una fuente de alabanza al Señor, la alabanza de su gloria, así como de obediencia a la ley de Dios y de rechazo de la idolatría y del mal de las naciones vecinas. En suma, Israel debe cumplir con la vocación de ser un pueblo santo apartado para Dios. Nosotros también. 3.2. Hemos sido elegidos para ser un pueblo especial (v.6). Unido a lo anterior está también el carácter especial de este pueblo. Esto nos remite al momento en que Dios entregó la ley a Moisés con unas condiciones: si el pueblo escucha la voz de Dios y guarda su pacto, serán su especial tesoro sobre los demás pueblos (Ex. 19:5). El cumplimiento de esto se vincula a la santidad y el servicio, sacerdotes y gente santa (Ex. 19:6). No se trata sólo de un privilegio, sino que exige una respuesta concreta de servicio. 3.3. Hemos sido elegidos para obedecer la Palabra de Dios (vv.9,11). Dios pone delante del pueblo elegido dos caminos (Dt. 30:19-20). La bendición de la obediencia o la maldición de la incredulidad y desobediencia. Conclusión. En vista de lo que hemos leído, concluimos que la verdad acerca de la elección de Dios, aunque sea en muchos aspectos un problema a resolver, nos debe llevar a la santidad y no al pecado. Asímismo, debe movernos a la gratitud y la adoración. Sus consecuencias prácticas deben ser que vivamos santos y sin mancha delante de él para alabanza de su gloria. AMÉN. Pedro Puigvert |