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LOS EFECTOS DE PENTECOSTÉS /Hch. 2:1-13

En conformidad con la promesa del Padre (Lc. 24:49), el día de Pentecostés, la fiesta judía con que comenzaba la siega del cereal, el día cincuenta contando desde la Pascua, y una vez el Señor fue entronizado en el cielo derramó el Espíritu Santo sobre los presentes que estaban reunidos de manera unánime perseverando en la oración en el aposento alto. Aquel fue un gran día de inauguración con una manifestación espectacular a base de señales (el estruendo como un viento recio y las lenguas como de fuego). A partir de ahí se produjeron una serie de efectos que nos servirán de guía para la iglesia de hoy.

Me limitaré a mencionar tres y su aplicación para nosotros:

1.    La predicación del evangelio

El primer efecto que produjo en los discípulos fue que inmediatamente aprovecharon la ocasión de haberse reunido mucha gente para anunciarles un mensaje claro, basado en las Escrituras y centrado en la persona de Jesucristo. Pedro tenía presente al auditorio compuesto por judíos y prosélitos y por eso les mostró por el AT que Jesús era el Mesías, que ellos habían crucificado, pero que Dios el Padre había resucitado para que se sentase en el trono como rey. De entre los oyentes, tres mil personas se arrepintieron, creyeron y se bautizaron. El testimonio de su vida atrajo a muchos otros a la iglesia. Y así continuaron por un tiempo en que sólo los líderes sufrieron a causa de las autoridades, y el evangelio era predicado. Vivían comunitariamente con algunos problemas derivados de ello. Sin embargo, no estaban obedeciendo el mandato de Cristo en toda su amplitud encerrándose en su círculo. Si repasamos la historia de la iglesia en España, vemos un cierto paralelismo  con  los hermanos que empezaron en medio de la oposición de las autoridades religiosas. Tenían claro su objetivo y en poco tiempo la iglesia creció aunque solamente entre las clases sociales más elevadas. El católico Gonzalo Illescas escribía en siglo XVI “En los últimos años hemos visto llenas las prisiones de personas que según el sentido del mundo sobresalían mucho de otros en instrucción y virtud… Y eran tan numerosos que si todavía se hubieran esperado dos o tres meses en combatir esta plaga, esta peste se hubiera extendido por toda España, y nos hubiera traído la desgracia más dura que jamás le habría herido”. (Historia Pontifical y Católica, Salamanca 154).   Después vinieron también los problemas que obligaban a gastar energías en mantener la comunidad y como ha sucedido en parte de iglesias, nos hemos encerrado en nosotros mismos. Pero vemos atisbos de recuperación en algunas partes, como ha puesto en evidencia la publicación del mapa de las religiones en Cataluña ¿Qué podemos hacer? Sin lugar a dudas, mantener en alto el testimonio y procurar con la ayuda del Señor tomar conciencia y recuperar el espíritu evangelístico que tenía la iglesia apostólica y nuestros antepasados, que eran menos de los que somos nosotros hoy.
Cuando la iglesia de Jerusalén se encerró en sí misma, el Señor usó la persecución para que se cumpliese su voluntad de que se extendiese el evangelio.

2.    Un nuevo ímpetu en la evangelización

El mandato de Cristo era que fueran testigos también en toda Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra. Pero ellos permanecían en Jerusalén solventando conflictos caseros. Ahí intervino el Señor y a raíz del arresto y la muerte de Esteban sobrevino la primera gran persecución que obligó a los creyentes a marchar a otros lugares. Entre ellos, uno de los siete servidores marchó a Samaria y allí predicaba a Cristo. Era un nuevo paso de los señalados por Cristo, pero sucedió un gran acontecimiento con la conversión del perseguidor de la iglesia, Saulo. Convertido ya en Pablo, empieza a anunciar el evangelio en otros lugares y a eso se suma el primer contacto con los gentiles por medio de Pedro con la conversión de Cornelio un temeroso de Dios. La evangelización alcanzó un nuevo hito en medio de oposición. Después de la etapa inicial, nuestras iglesias también pasaron por un tiempo de persecución y cuando los templos fueron cerrados  tuvieron que reunirse por las casas expuestos a ser multados con sumas importantes. Sin embargo, en este tiempo, las iglesias experimentaron un crecimiento importante. Escribe J.M. Martínez: "En muchos lugares las reuniones clandestinas en casas particulares se veían concurridas no sólo por creyentes enfervorizados, sino por personas inconversas que llegaron a aceptar el evangelio. Tradicional se hizo en la provincia de Barcelona la excursión anual a la fuente de la Mina, en la Floresta, el lunes de Pascua de Pentecostés, cuando se reunían cientos (casi un millar) de creyentes de diferentes iglesias para pasar el día juntos y celebrar por la tarde un culto que siempre fue de aliento e inspiración".

3. El comienzo de las misiones

Aunque en la etapa anterior hubo tímidas señales de predicación a los gentiles, algunos de los que salieron fuera de Palestina empezaron a predicar abiertamente el evangelio a los griegos y no sólo a los judíos de manera que se constituyó la primera congregación formada tanto por judíos como por gentiles en Antioquía de Siria. Y fue precisamente a partir de esta iglesia que el Espíritu Santo apartó a dos de sus dirigentes para empezar la obra misionera. Se trata de la misma proclamación del evangelio pero de una forma planificada siguiendo una estrategia, tal como hacía el apóstol Pablo. Si leemos en este mismo libro a partir del cap. 13, con un mapa, nos daremos cuenta de cual era la estrategia de Pablo. La historia de la Iglesia nos enseña que no en todos los tiempos se ha tenido la visión misionera que hacía falta. En el protestantismo, las misiones no empezaron hasta el siglo XVIII, porque estaban más preocupados por su supervivencia que en ir a otras partes a anunciar el evangelio. En la actualidad,  algunas denominaciones  tienen  una o más familias de misioneros trabajando en el extranjero y muchas veces en condiciones muy difíciles. Como ya hemos pasado por las etapas anteriores de la iglesia primitiva, ahora nos toca unir nuestros esfuerzos para iniciar una nueva andadura misionera con la estrategia de abrir nuevos lugares testimonio sin necesidad de irnos muy lejos porque todavía no lo hemos llenado todo con el evangelio. Se trata buscar  familias que hayan recibido la llamada del Señor a la obra misionera, prepararlas y enviarlas a localidades de España, empezando por las más grandes que no tienen ningún lugar de testimonio y todavía hay muchas en esta situación. Otra opción es empezar por los lugares más cercanos y que podemos responsabilizarnos desde Barcelona sin necesidad de desplazarse a vivir allí. La cuestión es que debemos mirar los campos con una visión misionera que vaya más allá de nuestra iglesia local. ¿En qué estamos dispuestos a colaborar nosotros? ¿Cómo vamos a involucrarnos en ello?


Conclusión.

De manera progresiva, la iglesia primitiva se extendió hasta lo último de la tierra, aunque todavía hay lugares en el mundo que nunca han escuchado el evangelio. A nosotros nos corresponde obedecer el mandato de ir y discipular en esta época. Que en esta fiesta de Pentecostés podamos ver que tenemos una gran tarea por delante y de la manera que los discípulos fueron guiados por el Espíritu Santo a proclamar el evangelio, partiendo de nuestra Jerusalén, después Judea, Samaria y finalmente cooperando en las misiones mundiales llegar hasta lo último de la tierra.

Pedro Puigvert


40 ANIVERSARIO DEL CENTRO EVANGÉLICO DE ESTUDIOS BÍBLICOS (CEEB)

En la presentación del Curso pasado anticipábamos que el siguiente 2009-2010 tendría una relevancia especial por celebrar el cuadragenario de nuestra fundación y el principio de las clases que empezaron a impartirse en el local superior del templo de la iglesia de la calle Teruel. Hacía poco tiempo que se había aprobado la primera Ley de Libertad Religiosa en pleno franquismo y después de muchos años de tolerancia, las iglesias habían experimentado un notable crecimiento. Era, pues, el momento apropiado para empezar la andadura de una institución dedicada a la educación bíblico teológica formal bajo los auspicios de la Alianza Evangélica Española. 

 

Han pasado cuarenta años y si contemplamos este tiempo en perspectiva no podemos por menos que dar gracias a Dios por su fidelidad. Un grupo entusiasta de alumnos, entre los que me contaba, empezamos a estudiar en el otoño de 1969 un currículo cuyo contenido era semejante al que actualmente se imparte en el Curso Superior.

Los mejores profesores que entonces estaban disponibles, residentes en la ciudad de Barcelona o en las comarcas cercanas, tomaron entre sus manos la responsabilidad de formar a hermanos jóvenes y otros que no lo eran tanto, pero deseaban  prepararse adecuadamente para servir al Señor de la manera más elevada posible y para eso el estudio profundo de la Biblia era fundamental. Al mismo tiempo se invitaban a profesores de otros lugares de España y del extranjero, aprovechando su visita a nuestro país o expresamente, para que impartieran seminarios sobre determinadas materias de las que eran especialistas.

Los tiempos han cambiado y mientras hoy seguimos contando con un buen cuerpo de profesores y mejores medios y recursos para enseñar, notamos la falta de  un mayor interés general por estudiar la Palabra de Dios como algo prioritario. Es verdad que en la actualidad todo el mundo está muy ocupado en múltiples cosas, pero si existiese una férrea voluntad  por aprender, muchos más se podrían aprovechar de la formación que ofrecemos a las iglesias en estos momentos. También han aparecido nuevas formas de acceder a la formación bíblico-teológica de manera que la presencial se está resintiendo.

El CEEB fue pionero en la enseñanza nocturna, una manera de facilitar el acceso a la formación sin necesidad de estar en una institución residencial. En eso radicó buena parte de su éxito, porque los hermanos podían seguir un plan de estudios sin tener que ingresar en un Seminario, aquí o en el extranjero, y seguir trabajando en su profesión, ya que podían recibir las clases una vez finalizada su jornada laboral de lunes a viernes y aprovechar los fines de semana para estudiar y preparar los trabajos que se les exigía. Sabían que eran cuatro años en los que el objetivo principal era terminar sus estudios y luego ya tendrían tiempo suficiente de poner en práctica lo que habían aprendido.

Ahora, cuarenta años después, seguramente sea necesario reflexionar y revisar nuestras estructuras para hacer frente a los desafíos que tenemos delante si finalmente los estudios teológicos de las entidades protestantes tienen reconocimiento oficial de las autoridades académicas de nuestro país. Sobre  los hechos del pasado alzamos nuestra vista al futuro próximo y lejano para seguir buscando la voluntad de Dios en la formación de su pueblo.

 Pedro Puigvert, Presidente del CEEB

 

 
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